Auditorías: ¿coartada para la inacción?

 Barañain 

Bajo el lema de “compromiso con España: empleo, austeridad y transparencia”, el Partido Popular  ha presentado lo que pretende ser una estrategia coordinada de reformas para salir de la crisis económica, mejorando la cohesión social y territorial, reformas que dicen inspiradas en principios de austeridad, transparencia, regeneración y reformismo.

 En el documento presentado, sostiene el PP con razón que “nunca antes un partido político había tenido en su mano la posibilidad de coordinar desde las administraciones territoriales una agenda de reformas tan ambiciosa” a lo que añaden que ello “nunca antes había sido tan urgente y necesario”.

 Sin embargo, la fijación del techo de gasto para las administraciones autonómicas, la austeridad en sus estructuras administrativas o la limitación de sus gastos corrientes no suponen una gran novedad y nacen con el escepticismo derivado de su contradicción con lo que ha venido aplicando el PP en los territorios que ya gobierna. Propuestas como la disminución de las consejerías, la de los altos cargos y entidades públicas o la reducción de los gastos de representación y publicidad, por poner algunos ejemplos, serían más creíbles si vinieran refrendadas por una práctica consecuente en ese sentido en comunidades como Valencia o Madrid.

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Morir con dignidad

Barañain

 Cuando el gobierno acaba de aprobar el anteproyecto de la “ley reguladora de los derechos de la persona ante el proceso final de la vida” (título  cursi con el que se evita nombrar la “muerte digna” que es a lo que refería inicialmente este proyecto) es inevitable recordar la persecución y el calvario judicial a los que un desalmado consejero de sanidad de Esperanza Aguirre -Lamela se llamaba el tipo-, sometió al doctor Luis Montes, por haber sedado a enfermos terminales en el hospital de Leganés.

 Se criminalizó una actuación ejemplar y se sembró la sospecha y desconfianza entre la ciudadanía ante la una práctica clínica tan necesaria como insuficientemente aplicada en nuestro país. No sólo eso: la intimidación surtió efecto y aquel “caso Montes” supuso un retroceso en la aplicación de los cuidados paliativos: los médicos, a la defensiva, se abstuvieron de sedar ante el temor a la imputación. En España se sigue sufriendo innecesariamente en el tramo final de la vida.

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Un desvarío supremo

Barañain

 El disparate se ha consumado. El Tribunal Supremo no ha podido, no ha sabido o no ha querido sustraerse a la ofensiva antidemocrática desatada en este país y ha ilegalizado las candidaturas de Bildu y con ello ha privado de su derecho a presentarse  a las elecciones a partidos de intachable trayectoria democrática (Eusko Alkartasuna y un grupito escindido de IU, ambos con mayor pedigrí democrático del que puede exhibir el PP, por ejemplo) como son los que han acordado la constitución de una coalición electoral que da cobijo a independientes vinculados a la izquierda abertzale. Y al hacerlo ha agrandado el ya amplio sector de la ciudadanía vasca privado de su derecho a la representación política.

 Si ya fue un hueso duro de roer la ilegalización de Sortu, que provocó una insólita fractura en la sala especial del Supremo que resolvió la papeleta, la aplicación ahora del mismo criterio seguido entonces ha requerido retorcer al máximo una lógica que ya resultaba muy forzada tanto cuando presumía que “Sortu” primero y “Bildu” después no eran sino manifestaciones de un plan urdido por ETA para sortear la ley de partidos y asegurar su presencia institucional como cuando abusaba del “hallazgo” jurídico  de la supuesta “contaminación” que las personas integrantes de una lista electoral con un pasado “batasuno” producían en la candidatura. 

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Palabras para Siria

Barañain 

Caídos ya tres de los dictadores árabes (aunque ni en Túnez ni en Egipto ni menos aún en Yemen , eso permita pronosticar  aún el carácter político del régimen que en cada caso se consolidará tras la crisis) las miradas se centran ahora en Siria, donde la brutalidad represiva del régimen de El Assad se empeña en vencer la determinación de los opositores a base de acumular muertos, que se cuentan ya por centenares.

Pese a la gravedad de lo que está ocurriendo, hasta ahora la reacción internacional ha sido escasa, por no decir nula. El pasado día 22 el secretario de prensa de la Casa Blanca desde el “Air Force One” en el que viajaba Obama despachaba el asunto con una declaración blandita en la que “deploraba” el uso de la violencia y llamaba “a todas las partes” a desistir del uso de la misma. Era inevitable comparar esa música celestial con la firmeza y rapidez con la que la administración Obama intervino en la crisis egipcia (“Mubarak must go now!”) y en la de Libia. Y eso que en Siria gobierna un dictador antiamericano que “esponsoriza” el terrorismo, un aliado de  Irán que da cobijo a quienes hostigan a los americanos desplegados en Irak , que ha intentado hacerse secretamente con armas nucleares, que ha agredido el Líbano, y que ejerce una represión tremenda sobre sus disidentes.

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Tan japoneses

Barañain

Sabido es que Japón étnicamente  es un país muy homogéneo;  sus 127  millones de habitantes – entre los cuales apenas se cuentan dos millones  de extranjeros, de ellos un tercio  coreanos nacidos en Japón pero sin  la nacionalidad japonesa- comparten casi una sola etnia, un solo idioma, una historia, una cultura. Un territorio aislado durante muchos siglos del resto del mundo, una isla (o un pequeño conjunto de islas)  con pocos recursos naturales y poco espacio para vivir. Un país muy proclive a los desastres naturales.

Si de enumerar los tópicos se trata, resulta fácil  cuando nos referimos a los japoneses: sabido es que son un pueblo disciplinado, ahorrador, austero, con un sentido muy comunitario (o más comunitario que individualista) de la vida, con unos consolidados patrones de conducta (muy inculcados desde la niñez), de respeto a los mayores, de respeto a las normas sociales, de homogeneidad social. Donde la jerarquía lo es casi todo. Leí en cierta ocasión los resultados de unas encuestas que revelaban el futuro que los padres japoneses querían para sus hijos: en un 20% que fueran empleados públicos, en un 15% deportistas, en un 10% médicos; después,  “policía” era la opción preferida. Eso si se les preguntaba por los hijos varones. Para sus hijas deseaban un futuro como enfermeras (15%), empleados públicos (10%), maestras (15%), etc. Algunos veían en esa predilección paterna tan acusada por el futuro como funcionarios, maestros y policías, un reflejo de su respeto reverencial hacia la autoridad.

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Sanidad: asignatura pendiente (para después de mayo)

 Barañain

 Entre Galicia y la administración central se está librando una pequeña batalla política y judicial  en torno a las medidas de control de gasto que ese gobierno autonómico ha tomado para frenar la factura farmacéutica, tan imponente allí como en el resto de España. La manzana de la discordia es una ley regional que establece un catálogo de los medicamentos que pueden ser prescritos por los facultativos del servicio de gallego de salud,  lo que es visto desde el gobierno central como una invasión de competencias y una afectación al principio de igualdad. Impugnada la ley autonómica, se ha producido automáticamente su paralización. El gobierno gallego se queja de la actitud del  gobierno central: “por una parte nos dice que tenemos que ahorrar, pero cuando ponemos medidas eficaces encima de la mesa, recurre y suspende».

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Rebelión de huérfanos

Barañain

¿Cómo terminará lo que está ocurriendo en las últimas semanas en el mundo árabe? ¿En qué formas de gobierno -o de desgobierno- cristalizarán esas turbulencias? En los medios se habla  de “revolución”. Y se ensalza la “sed de libertad” de las masas árabes que estaría poniéndose de manifiesto en esas revueltas. Hay quienes dan por hecho que el único horizonte posible es el del fin de las formas despóticas de gobierno. Porque ahora esos pueblos, dicen,  “quieren ser dueños de sus destinos”. El lirismo que no falte.

A la vista de los precedentes no creo que haya muchos motivos para ser excesivamente optimistas, y  me gustaría equivocarme. Aunque sólo sea porque es difícil olvidar ahora que las enormes movilizaciones ciudadanas en las calles de Teherán no impidieron que Ahmadinejad sea el presidente de Irán (63 personas ahorcadas sólo en el mes de enero de 2011); que tras las demandas de libertad en las calles de Beirut es Hezbolah quien  se ha hecho con el poder; que el espejismo de democracia en Argelia desembocó en una auténtica carnicería humana (más de 160.000 muertos). Como es también conveniente no ignorar que en la encuesta más reciente llevada a cabo entre los egipcios eran un 59% los que declaraban preferir para su futuro a los  “islamistas” frente a un escaso 27% que optaba por los “modernizadores” (tipo El Baradei, por ejemplo).

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Huelgas en servicios públicos: máximo beneficio, mínimo riesgo

Barañain

 En el País Vasco  -y supongo que será parecido en el resto de España-, las convocatorias de  huelga de empleadas de comercio textil en torno a las navidades y al comienzo  de la campaña de rebajas  nos recuerdan que, más allá del sector público, la huelga sigue existiendo como instrumento de defensa de intereses de los trabajadores frente a sus empresarios.

 El efecto de ese recordatorio es efímero. La rapidez con que, afortunadamente, las huelgas convocadas en esas empresas privadas se desconvocan  -sea porque se consiguen los objetivos razonables, o porque simplemente se retoman las negociaciones previamente rotas por alguna de las partes, o porque se desiste del paro para evitar males mayores, etc.-, nos devuelve a la realidad del ejercicio de huelga predominante en nuestro país, el que se lleva a cabo en el sector público, que tiene ya poco que ver con el origen histórico y la razón de ser de ese instrumento de lucha sindical.

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Navidad en Belén

Barañain

Esta temporada las autoridades turísticas palestinas preveían la llegada de hasta 100.000 turistas  a la ciudad de Belén en el período que se extiende desde la Navidad católica hasta la armenia, que se celebra el 18 de enero, afluencia récord (si se confirmaba)  que se interpretaba como una señal de apoyo para la menguante población cristiana de la ciudad que vio nacer a Jesús.  Se supone que la población cristiana en Tierra Santa ronda las 190.000 personas, de las que casi ciento cincuenta mil residen en Israel, unas 40.000 en Cisjordania (Judea-Samaria) y las aproximadamente 3.000 restantes en la franja de Gaza. En Belén los cristianos eran el 90% de la población a comienzos del siglo XX y hoy apenas son el 40% de sus 25.000 habitantes.

De esas expectativas daba cuenta un reportaje de la Agencia Efe  que además explicaba  con detalle el desarrollo de las ceremonias que se han llevado a cabo en Belén. Previamente, como quien no quiere la cosa, o como si se tratara de lo más natural del mundo,  señalaba: “Las cruces han sido prohibidas en los souvenires para los turistas y peregrinos en Tierra Santa. Algunos talleres textiles en Jerusalén  y en Hebrón estamparon y vendieron camisetas con la imagen de la Iglesia de la Natividad de Belén sin las cruces. A raíz del aumento del fundamentalismo islámico en los territorios palestinos, la cruz fue quitada también de las camisetas de los equipos de futbol”.

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La alta velocidad, entre radios y redes

Barañain 

El fin de semana anterior al de las navidades tuvo aire de fiesta ferroviaria, una fiesta cuya música  logró imponerse, al menos por unas horas, al fragor del momento político actual y al eco residual del sabotaje de los controladores aéreos. Mientras el Gobierno de Zapatero, muy juiciosamente, conseguía la prórroga del estado de alarma, por si a los saboteadores se les ocurría provocar  nuevos desmanes en este período vacacional y el Parlament de Catalunya se disponía a investir como nuevo presidente de la Generalitat  a un Artur Mas dispuesto a “liderar la transición nacional” en ese país, los Trenes de Alta Velocidad conseguían imponer su protagonismo.

 Con apenas unas horas de diferencia, el AVE procedente de Madrid llegaba a Valencia, y el francés TGV procedente  de París atravesaba  la frontera en dirección a Figueres. En el primer caso, situar Valencia a sólo una hora y media de Madrid concitaba la unánime satisfacción y hasta el ministro Blanco era públicamente felicitado por los líderes del PP; en el caso de la conexión francesa la satisfacción que compartía casi todo el espectro político y social catalán era igualmente evidente.   Sigue leyendo