El desasosiego moral (1): el descubrimiento de los valores

Permafrost

Tom Engelhardt, un lúcido comentarista estadounidense al que sigo la pista desde hace tiempo, escribió en junio de 2005 un artículo cuyas primeras líneas resultan muy pertientes para mi texto de hoy: “Desde hace al menos 30 años, la derecha ha luchado, el Partido Republicano ha hecho campaña y, más recientemente, la Administración Bush ha proclamado su victoria frente al ‘relativismo moral’ de los liberales��?. Parece que la globalización también afecta al argumentario de la lucha partidista hispánica. La frecuencia con que, en la presente legislatura, la derecha española ha venido denunciando la falta de valores, el relativismo o el nihilismo de la izquierda, en general, y de Zapatero, en particular, resulta desconcertante.

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De Moa, ni Pío

Permafrost

“La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero». Esta frase, que Antonio Machado pone en boca de Juan de Mairena, suele aducirse frente a los argumentos ad hominem, es decir, aquellos que rehúyen la discusión sobre los méritos o deméritos propios del mensaje aludiendo a las características personales del mensajero. Una idea semejante, pero con otros términos, es la que invoca Stanley G. Payne en apoyo de la producción revisionista de Pío Moa: “Quienes discrepen de Moa necesitan enfrentarse a su obra seriamente y demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales en vez de dedicarse a eliminar su obra por medio de censura de silencio o de diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o la Unión Soviética que de la España democrática». ¿A qué debemos enfrentarnos seriamente?

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La tesis de la provocación

Permafrost

La atribución causal es un juego curiosamente sencillo y asimétrico: yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así; tú, en cambio, te portas mal porque eres malo. Es decir, mi posible conducta deleznable (y, por extensión, la de los «nuestros»), obedece a constreñimientos externos, a las circunstancias y presiones de la situación, mientras que la deplorable conducta de mi oponente (los «otros») deriva de su inherente disposición malvada. Cabe adivinar cuán fácilmente un sesgo tan básico puede contribuir a exacerbar conflictos políticos. Las justificaciones del mal necesario o, como mínimo, del mal tal vez incluso lamentable pero, en cualquier caso, excusable y comprensible, suelen apoyarse también en este fenómeno. De hecho, parece bastante obvia la relación con uno de los mecanismos de desconexión moral (moral disengagement) descritos por Albert Bandura al estudiar la manera en que las personas racionalizan actos que a priori podrían parecer reprobables, mediante lo que él denomina «comparaciones ventajosas» frente a amenazas reales o anticipadas. El senador estadounidense John McCain ofreció un excelente ejemplo de comparación ventajosa en la convención republicana del 30 de agosto de 2004, refiriéndose a la invasión de Irak: «Nuestra elección no era entre un statu quo benigno y el derramamiento de sangre que supone una guerra. Era entre una guerra y una amenaza aún más grave».

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El final está cerca

Permafrost

Mi artículo de hoy tiene algo de ligera catilinaria, aunque no es difícil generalizar su idea subyacente. Digo lo primero porque tomo como caso de estudio a una de las figurillas que revolotean en el santoral patrio de la carcunda carpetovetónica, y lo segundo porque tal personaje no es objeto de mi atención por especial merecimiento, sino como mera ilustración de una categoría harto frecuente en los mentideros (nunca mejor dicho) de nuestro desolador panorama mediático. El sujeto de mi malsana curiosidad no es otro que Ignacio Villa, director de los servicios informativos (?) de la cadena COPE. Pero, para no enajenarme inmediatamente a quienes, con buen criterio, recelan de los personalismos, ofreceré primero la reflexión general. El resto será un aditamento para quienes compartan mi morboso interés por la documentación de necedades. Lo que distingue al sectario partidista del común de los mortales no es que aquél presente características de las que éste carece, sino que las manifieste en extremos patológicos.

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La infamia de la AVT y la COPE, la emisora de las colinas

MCEC

¿Os acordáis de la radio de las colinas de Rwanda? Su locutor estrella está en la cárcel, condenado por haber instigado el genocidio de Rwanda. Durante los meses previos al exterminio de más de un millón de tutsis y hutus moderados, una vulgar emisora de radio vomitó sin cesar una mezcla de argumentos legítimos sobre la dominación histórica de los tutsis y basura racista y radical. La libertad de expresión no fue óbice para que el Tribunal Internacional sancionara su incendiaria propaganda como elemento indispensable del genocidio.

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