Los Idus de Yolanda Díaz

Juanjo Cáceres

En las calles de Roma se fraguaba una traición. Puede que realmente alguien advirtiese a Julio Cesar de que debía guardarse de los idus de marzo, pero nada impidió que el dictador romano acabase entrando igualmente en el edificio del Senado, y con su magnicidio, también en la eternidad. La tradición romana nos legó una historia detallada de su asesinato, así como de sus motivaciones: Cesar, proclamado dictador vitalicio, coqueteaba cada vez más con la idea de erigirse en monarca, relegando al Senado a una mera cámara consultiva compuesta, principalmente, por aduladores.

España se parece mucho a la antigua Roma. Heredamos su idioma y le debemos una gran parte de nuestro acervo cultural, convirtiendo ciertos municipios en monumentales ciudades, que sin su herencia hubieran caído hace mucho en el mayor de los olvidos. Puede que todo ese legado no nos haya dejado solo el arte de regar los campos, sino también el de la traición. Puede que a Yolanda también la advirtieran del complot que se tramaba, pero no llegó a ser del todo consciente de la lógica del mismo. Los conspiradores hacía tiempo que hablaban entre ellos, pero no se atrevían a dar el paso, ni se sentían lo bastante fuertes, ya que una maquinación requiere de todos los elementos necesarios para prosperar.

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Aborto espontaneo versus aborto provocado

Verónica Ugarte

Hemos sido testigos de la reciente Cumbre del G7, de cuya declaración final ha sido eliminada cualquier referencia explícita al aborto, ya que, para la delegación italiana encabezada por Georgia Meloni, tocar el tema del aborto era una línea roja, algo que no estaba dispuesta a permitir.

Eliminar el aborto de la declaración le ha costado un enfrentamiento directo con el Presidente Macron, cuyo país aprobó en 1975 la Ley Veil donde se despenalizaba el aborto, y es el único país que consagra este derecho en su Constitución.

Ni el aborto es un juego político ni se debe aceptar el dogma católico donde se considera persona al momento que es concebida. De acuerdo con la Ciencia, estamos hablando de un feto al que se considera persona al momento de nacer. Sigue leyendo

¿Qué Europa nos espera?

Carlos Hidalgo

Con las recientes elecciones al Parlamento Europeo toca reconfigurar las instituciones europeas de acuerdo a lo que la voluntad popular de los países miembros ha expresado con sus votos. Todo el mundo parece coincidir en que, aunque la extrema derecha europea ha subido en representación, la gran coalición de socialdemócratas y populares europeos podrá reeditar sus acuerdos. Y puede que esta vez España pueda tener más influencia en la próxima Comisión Europea, que parece que va a volver a ser presidida por Ursula Von Der Leyen.

Sin embargo es preocupante que la influencia de la extrema derecha ya se deje notar en algunas cosas en las que Europa ha tenido que recular, como cesiones en temas agrícolas y medioambientales, que nos retrasarán un poco como ejemplo mundial de que el desarrollo económico y el medioambiente no están reñidos.

El decepcionante presidente de Colombia, Gustavo Petro, tuiteó que Europa estaba dejando de ser un faro de la democracia y que los avances de la ultraderecha se debían a que las políticas sociales europeas tenían “anestesiada” a la ciudadanía de la Unión. No diré el adjetivo que se me ocurre para Petro, pero sí que diré que su orgullo por ser un país sin estado de bienestar dice muy poco de él y de su acción de Gobierno. Sigue leyendo

Una de hurtos

Marc Alloza

Esta semana una conocida me comentó acerca de una conversación que había escuchado casualmente por la calle. Dos mujeres debatían sobre cuál de los comercios era más adecuado para ir a robar. Que si ahora en el Mercadona habían reforzado la seguridad, que si en La Sirena mejor si entraban las dos por separado. Incluso se pararon ante una tienda de ropa de barrio que a duras penas se mantiene, haciéndose señas sobre la idoneidad de probarlo allí. En sus perfiles de LinkedIn debe figurar ampliamente acreditada una dilatada experiencia en hurtos en comercios. Con competencias respaldadas por varios usuarios como orientación a objetivos y resultados, capacidad resolutiva o lío management.

Hace escasamente un mes, en una comida en un restaurante, le birlaron la cartera a un familiar. El caso tiene triste mérito, pues la tenía en un bolsillo interior de la chaqueta que se encontraba colgada en la silla en la que estaba sentado y justo enfrente de mí. A toro pasado dedujimos que fueron dos pseudo-clientes que se sentaron detrás nuestro y que tras enredar mirando la carta tomaron las de Villadiego sin consumir ni despedirse. A la altura de los postres los mensajitos del banco colmaban el móvil. Gritos sordos de un móvil que había quedado olvidado en un rincón de la mesa junto al mío. Dios no quiso que se los llevaran también o quizás los desecharon tras una rápida tasación visual con resultado de chatarra. Sigue leyendo

La tómbola que siempre toca

Julio Embid

El pasado domingo tuvieron lugar las elecciones al Parlamento Europeo y asistimos alucinados a un resultado inédito en España: dos listas diferentes de ultraderecha lograban representación. En España no había ocurrido antes. Miento, en Cataluña en las últimas elecciones autonómicas sí, con la entrada de Alliança Catalana en el Parlament. Ultraderecha amb tomaquet.

Resulta curioso que una campaña con pocos fondos (no había farolas ni autobuses con la cara de Alvise) como la de Se Acabó la Fiesta lograse 800.000 votos, pero su campo de batalla es otro: Telegram y los bulos, un bulardo detrás de otro. Por lo general cuando personas con dos dedos de frente me hablan de la Agenda 2030 (que en realidad no es sino un listado de buenas obras como la paz en el mundo o acabar con el hambre y reciclar aprobada por la ONU y todos los países), desconecto. Para la ultraderecha es la suma de todo lo que no les gusta y todo lo malo, incluyendo hacer la cama al levantarse por las mañanas, poner el ticket en la zona azul o levantar la tapa antes de mear. En Telegram y en Tiktok hay innumerables propagandistas diciendo que todo lo malo que te ocurre no es culpa tuya sino de la Agenda 2030, una suerte de Protocolos de Sion del siglo XXI, que han hecho que tu mujer, José Luis, te haya dejado, harta de que vinieras borracho a casa, porque el feminismo le ha lavado el cerebro, y ahora no tengas ropa limpia que ponerte porque no te apañas con la lavadora. Sigue leyendo

Tras la tormenta

Juanjo Cáceres

Sobrepasado por fin el ciclo electoral 2023-2024 con el último proceso electoral previsto, una de las preguntas que cabe hacerse es de donde sale toda esa imagen de impotencia en que ha incurrido todo el abanico de partidos de izquierdas que han gobernado los destinos del país y de comunidades autónomas relevantes en los últimos años. El grito “que viene la (extrema) derecha” ha estado resonando con fuerza durante semanas. Un grito que el PSOE en 1996 utilizó como última tabla de salvación para impedir la victoria del PP, pero que no sirvió para impedir la proclamación del primer gobierno del Partido Popular liderado por el inefable José María Aznar.

(“inefable” es una palabra tan polisémica, que siempre debe usarse con la voluntad de que el lector la acomode a su propia visión del personaje a que se refiere. Entiéndase así)

El grito “que viene la derecha” es por lo general el grito de la derrota. La sufrió el Felipe González de la época del dóberman y la sufre cualquiera que no tiene mejores argumentos a los que agarrarse. Esa falta de argumentos tiene indicadores muy preocupantes. Por ejemplo, ni España ni Catalunya disponen de presupuestos aprobados en 2024, a pesar de que había una mayoría suficiente para lograrlos, y de hecho la falta de unos ha dado lugar a la falta de otros. Hay quien considera la falta de presupuestos como un problema menor, pero sin ese instrumento rector de las políticas públicas, que delimita las reglas del juego, las administraciones sufren. Unas administraciones que ya en condiciones favorables sufren lo indecible por ejecutar los recursos de que disponen y sacar provecho de todo lo que sus presupuestos dan de sí. Sigue leyendo

Todo el mundo lo vio venir, nadie lo vio venir

Carlos Hidalgo

El que un agitador populista, que se basa en las redes sociales y en un canal de la aplicación de mensajería Telegram para difundir bulos (y vivir de ello) haya conseguido 800.000 votos, ha caído como una bomba en el debate público convencional. Y digo debate público convencional porque esto ha dejado claro que hay debate en otros medios y entornos que no se habían tenido en cuenta hasta ahora.

Que esto haya pasado no dice nada bueno, ni de cómo los dos grandes partidos tradicionales se comunican con la ciudadanía (aunque hay momentos en los que a uno se le da mejor que al otro y al revés), ni de cómo los medios de comunicación llegan a donde tienen que llegar, ni de cómo fijan los temas de la agenda pública. En este caso concreto fue muy triste ver cómo una periodista del diario más importante de nuestro país, medio presumía, medio se lamentaba de no conocer al cabeza de lista de la agrupación electoral que ha dado la sorpresa en estas elecciones europeas. Sigue leyendo

Europa resiste con algún sobresalto y el PSOE también

LBNL

Sucedió más o menos lo esperado, con algún sobresalto en Europa. También en España donde el PP esperaba arrasar y ganó, pero el PSOE no se hundió de lo que cabe deducir que Sánchez y su partido superaron por tanto el supuesto referendo sobre la amnistía ilegítima, el fin de la independencia judicial y la corrupción generalizada en el PSOE e incluso en la familia del Presidente. Qué se le va a hacer… será que el tremendismo y el fango tienen un recorrido limitado. Afortunadamente. Lo demás según lo previsto: Vox consolidada como tercera fuerza, por encima de la suma de Sumar, valga la redundancia, y Podemos. ERC superó a Junts, Ciudadanos acabó de consumar su suicidio y lo de Alvise consiguió hasta tres escaños, sin duda la peor noticia – populismo anti sistema descarnado – pero recordemos que Ruiz Mateos consiguió dos escaños europeos en su día. ¿Y ahora qué? Volveremos sobre ello más abajo.

A nivel europeo tampoco hubo realmente sorpresas: la derecha (PPE) primera, socialdemócratas (SD) segundos, liberales (RE) terceros, la derecha extrema (ECR, con Meloni a la cabeza) cuarta, la ultra derecha (ID liderada por Le Pen) quinta, los verdes (sextos) y la izquierda extrema cerrando el pelotón, sin desdeñar a un nutrido grupo de no adscritos a ningún grupo parlamentario. Ciertamente, la amplitud de la victoria de Le Pen en Francia y que los filo nazis de AfD hayan quedado segundos en Alemania, son dos motivos de grave preocupación. Macron ha disuelto la Asamblea confiando en que Le Pen se desgaste fuertemente desde la presidencia del gobierno, asumiendo que gane las elecciones en julio, y aprovechando que la política exterior y de defensa en Francia está en manos del Presidente de la República, que no del Primer Ministro. Lo de Alemania es más complicado porque las elecciones debilitan todavía más a Scholz y también a su socio Verde, que cayó fuertemente. Y con Alemania noqueada es difícil avanzar en Europa. Veremos. Sigue leyendo

Nos jugamos mucho en las europeas

LBNL

Mucho más de lo que nos pensamos. En España la mayoría votamos en clave estrictamente nacional y así interpretarán los resultados el lunes los partidos políticos y la prensa nacional. Pero lo que vamos a votar es la representación en el Parlamento Europeo, que queda muy lejos (¿en Estrasburgo o en Bruselas?), nadie sabe verdaderamente lo que hace y no cuenta. Gran error. Se solía decir que el 75% de la legislación que rige en España – sí, también en las autonomías más autónomas – proviene de la Cámara de Estrasburgo (los plenos son allí, una semana al mes; el resto, trabajo de las diferentes comisiones parlamentarias, por ejemplo, es en Bruselas) pero cualitativamente es todavía más importante porque prácticamente todo lo que nos afecta – desde si los supermercados deben cobrar por las bolsas del plástico al precio del gas o la digitalización de la sociedad, el reemplazo de los motores de combustión o las condiciones de trabajo, pasan por el Parlamento Europeo, que tiene la última palabra. E importa quiénes deciden por más que no entendamos cómo lo hacen.

Tradicionalmente en el PE han “gobernado” en coalición los democristianos (hoy el PPE) y los socialdemócratas (SD). Últimamente han necesitado del apoyo de los liberales (RE, que incluyen a Ciudadanos) y hasta de “los verdes” (que incluyen a ERC, por ejemplo). No todas las delegaciones nacionales votan con sus grupos ideológicos todas las decisiones, especialmente cuando las posiciones de sus países de origen varían. Por ejemplo, puede resultar que los eurodiputados del PSOE voten en contra de una medida que entienden perjudicial para España y coincidan con los del PP pese a que el PPE y SD voten mayoritariamente a favor. O al contrario, o una combinación, pero el eje ideológico suele ser el que más pesa, por encima del nacional. Sigue leyendo

La gran irresponsabilidad de ERC

Verónica Ugarte

No ha tenido problemas Marta Rovira en decir que su partido no tiene miedo a nuevas elecciones. Oficialmente está claro: los altos mandos del partido republicano no tienen contacto con la realidad.

En su campaña electoral del 2003 Zapatero prometió que apoyaría la reforma del Estatut de Catalunya que saliera del Parlament catalán. Eran los tiempos del tripartito y era necesario apoyar al PSC frente a sus socios de Gobierno, ERC y los antecesores de Comuns y Sumar: Iniciativa per Catalunya-Esquerra Unida. A partir de ese momento más de una persona pensó: «no están hablando en mi nombre».

La necesidad de una independencia de España era y es parte del imaginario nacionalista catalán (no olvidemos que existe el nacionalismo español, ese que nadie menciona pero que salta al ruedo cuando siente atacada la “unidad de España y su Constitución”) desde hace décadas. No quiero entrar en el tema con Francesc Macià y Lluis Companys porque hablamos de situaciones histórico-sociales diferentes. Hablo de los actuales y de los predecesores de ERC. Sigue leyendo