Fuera de juego

Aitor Riveiro

Conducido de nuevo por el método ensayo-error, decidí reunirme con los que quisieran hacerlo para explicarme su punto de vista. Y de pronto descubrí que había muchos puntos en común. Nadie estaba a favor del todo gratis, estaban de acuerdo en reconocer los derechos (y obligaciones) del autor frente a su obra, y a todos les parecía correcto buscar una manera ágil y eficaz de hacerlo. Yo, por mi parte, reconocí que el modelo de mercado necesitaba ser ampliado y corregido, que la oferta legal no era suficiente, y que compartir archivos con libertad era algo inamovible y deseado por todos.
(Alex de la Iglesia, dimisionario presidente de la Academia del Cine, ayer)

PSOE, PP y CiU acordaron el pasado lunes dar vía libre a la conocida como ‘ley Sinde’, que no es más que una modificación de la Ley de Propiedad Intelectual que el Gobierno calzó en la Ley de Economía Sostenible allá por marzo de 2010.

Pese a lo que muchos han contado en los medios de comunicación tradicionales, la enmienda pactada por los grupos en el Senado no confiere mayores garantías legales a los usuarios de Internet ni a los administradores de páginas web o blogs. En todo caso, la modificación amplía por un lado la cobertura de las actuaciones de la futura Comisión de la Propiedad Intelectual, al ser un juez el encargado de exigir a los proveedores de servicios la filiación del supuesto profanador de los sacrosantos derechos de autor, y por otro alarga la agonía de un sector que vive anclado en la linotipia y que, cuando se quiera dar cuenta, no tendrá nada ni a nadie a quien vender.

Con todo, la probable aprobación de la ‘ley Sinde’ solo dañará a quienes consideran que Internet y los nuevos dispositivos móviles son un lugar donde publicitar su producto y ofrecer pequeñas píldoras que enganchen a los consumidores para que acudan a sus tiendas físicas, sean cines, librerías o grandes almacenes. Toneladas de creadores de las más diversas vertientes culturales e informativas podrán proseguir sus andanzas sin miedo a que lo que sucede en Internet trastoque sus planes en el Mundo Real.

Un ejemplo podría ser el dramaturgo, periodista, novelista y, ahora director-dueño de revistas, Hernán Casciari, un argentino radicado en Lleida que junto con uno de sus amigos de toda la vida (el Chiri) ha fundado un proyecto que durante meses ha llenado de ilusión a miles de personas en todo el mundo hispano: Orsai.
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