Frans van den Broek
Hace poco falleció el actor británico Pete Postlethwaite, conocido por su actuación en pelÃculas intensas y memorables como “Distant voices, still livesâ€, “In the name of the fatherâ€, “The constant gardener†o, últimamente, “Inceptionâ€. Su trayectoria podrá leerla cualquiera que use internet, y ha sido mencionada en los periódicos en su momento, pero lo que quisiera comentar a propósito de su muerte es el poder irremisible que puede tener un rostro, su capacidad para contarnos una vida con sólo ponerse enfrente de una cámara o un público. Alguna vez concibió Borges el verbo historiar, también a propósito de un rostro, cuando dice de un personaje que su cara estaba “historiada por una cicatrizâ€. El rostro de Postlethwaite historiaba aunque no lo quisiera, por lo que su expresividad artÃstica, que era mucha, venÃa como lanzada por la energÃa de unos rasgos y unos gestos que parecÃan haberse creado para emocionar, para apelar a la conciencia de algún modo.