Millán Gómez
La aprobación de una versión moderada de la polémica “Ley Sinde†ha provocado el anuncio de dimisión por parte del presidente de la Academia de Cine, Ãlex de la Iglesia. La intención del Gobierno en la persona de su ministra de Cultura de tomar medidas para evitar la gratuidad absoluta de la cultura se he encontrado con la reticencia fundamentalista de un sector importante de los internautas. Desde la llegada de Ãngeles González-Sinde al Gobierno las crÃticas no han cesado y es complicado encontrar un nivel mayor de consenso (en este caso negativo) sobre un miembro del Ejecutivo. Además, su condición de directora de cine y guionista provoca aún mayor recelo pues se le considera poco menos que una traidora pues hasta su incorporación al gabinete Zapatero estaba claramente inmersa en el sector del séptimo arte.
La cultura tiene un precio. En el sempiterno debate sobre las descargas gratuitas a través de internet se mezclan dos cuestiones similares pero sustancialmente diferentes. Por un lado está la opinión de cada uno sobre si la cultura debe o no ser gratuita y, por otra parte, si son excesivos los precios de las pelÃculas, álbumes musicales, etcétera. Al no enfocar bien el debate se produce una mezcla peligrosa que no hace sino aletargar el conflicto y no enfocarlo correctamente. Algunos que dicen defender la libertad realmente tratan de imponer su deseo de que todo sea gratuito. Confunden conceptos como libertad y gratuidad como si se trataron de dos vocablos sinónimos.