Hastío

Millán Gómez

La política, en algunos casos, aburre. Transmite una sensación de que nada avanza, de que nada progresa y que nos encontramos ante debates sempiternos que vuelven cíclicamente a la actualidad que muestran los medios, la cual no tiene por qué ser coincidente con la discusión de la opinión pública en la calle. Estamos en esa situación. Nuestros representantes públicos continúan enfrascados en cruces de declaraciones sobre la crisis económica y sobre “anécdotas” como el uso de los pinganillos en el Senado mientras este país continúa propagando datos negativos y, lo que es peor, estimaciones muy negras para el futuro a medio plazo.

Resulta lastimoso leer cada mañana la prensa nacional, autonómica y local. Resulta agradablemente extraordinario leer una noticia positiva que insufle cierto ánimo a la población. La culpa no es del mensajero aunque habrá quien, como suele ser habitual, dirija sus dedos acusadores hacia los que se dedican a contar lo que pasa. Pero, por supuesto, alguna culpa tendremos los ciudadanos de a pie si continuamos sin castigar a quienes han provocado la crisis, viven de ella, continúan cometiendo los mismos errores de antaño y no han mostrado la más mínima autocrítica.

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