¿Una nueva recesión global?

Lobisón

Si el día 2 de agosto no ha habido acuerdo en el Congreso de Estados Unidos para elevar el techo de endeudamiento del país, puede producirse por primera vez en la historia la suspensión de pagos de la principal potencia económica. Como no hay precedentes no podemos saber las consecuencias de este hecho, aunque su mera posibilidad ya ha desatado una renovada presión sobre la deuda de España e Italia, lo que parece una ratificación de aquella memorable ley de la dialéctica según la cual todo estaba interconectado, versión primera de lo que ahora llamamos efecto mariposa.

Un filósofo británico del lenguaje, cuando le preguntaron si creía en la otra vida, contestó que lo mejor era esperar y ver, o, más probablemente, esperar y no ver. En este caso no hay duda de que debemos esperar, y, con un poco de suerte, no ver. Pero existe un riesgo real de que se produzca la suspensión de pagos y de que ésta desate una nueva recesión global, con lo que se cumpliría la predicción de los agoreros de que ésta sería una crisis en W, con dos recesiones sucesivas. Pero esa negra profecía se basaba en argumentos económicos, y no preveía un detonante político como el que sería la falta de acuerdo en Washington.

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