Marruecos: tan cerca, tan lejos

Barañaín

 Con la aprobación en referéndum, por amplia mayoría, del proyecto constitucional auspiciado por el rey Mohamed VI, Marruecos ha dado un paso importante en su progresión, lenta pero continua, hacia una democracia parlamentaria.

 Se le podrán poner todos los peros que se quiera, ya sea en lo concerniente a la forma en que se ha elaborado, a la escasez de debates sobre la cuestión  o a las garantías del escrutinio,  siempre que se reconozca que aún con esas limitaciones –infinitamente más leves que las existentes en cualquier otro país del mundo árabe-, Marruecos está haciendo realidad un avance hacia la democracia efectiva  que sus vecinos del norte de África aún no son capaces de imaginar pese a las esperanzas (¿excesivas?) depositadas en la “primavera árabe”. Y eso es bueno para Marruecos y es bueno para España aunque tantos aquí se empeñen en despreciarlo. Porque si España es la puerta de Marruecos hacia Europa y Occidente, Marruecos es nuestra puerta hacia África y el mundo árabe.

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