Frans van den Broek
El desarrollo económico no llega a todas partes de la misma manera y siempre, se quiera o no, causa ciertos problemas, algunos más graves que otros. Escribo estas lÃneas desde el pueblo de mi madre, CelendÃn, en la sierra norte del Perú, un pueblo que tiene el dudoso mérito de haber sido mencionado una vez en una novela de Vargas Llosa, “Conversación en la Catedralâ€, como lugar de posible castigo para un policÃa, lo que da una idea de su lejanÃa de la capital, geográfica y polÃticamente. Las cosas han cambiado, sin embargo, y poco a poco el lugar se ha ido convirtiendo en un pueblo moderno –hasta donde pueden serlo los pueblos del Perú-, con televisión, teléfono, internet, asfalto en las calles y expansión urbana. Esto puede sonar obvio para cualquier europeo, pero hasta hace relativamente muy poco no existÃan aquàninguna de estas facilidades, y ni siquiera contaban con electricidad fiable, más allá del centro mismo. La gente tenÃa que recurrir a las velas o los desaparecidos Petromax, y dedicar sus noches a la conversación o el sueño, o a la multiplicación de la especie, en lugar de entregarse a las telenovelas de hoy en dÃa o a las cabinas de Internet.