Millán Gómez
Alfredo Pérez Rubalcaba presentó parte de su programa electoral como candidato del PSOE a las elecciones generales el pasado sábado. En un acto moderno y donde se cuidaron todo tipo de detalles, Rubalcaba lució su gran oratoria y expuso con notable brillantez sus propuestas personales. Dejamos atrás oficialmente el Vicepresidente, Ministro y Portavoz Rubalcaba y saludamos al «simple» candidato. En un acto tÃpico de la polÃtica estadunidense, Rubalcaba insufló ánimos a los socialistas. Quizás fue el mejor dÃa del PSOE en la última legislatura. Era de consenso mayoritario alabar a Rubalcaba por su exposición. Expresó un cambió, una transformación ideológica interna. Cierto es que carece de bastante legitimidad pues, si uno lo escucha, es inevitable decir «Â¿Y por qué no lo hiciste antes estando en el Gobierno?». Esta duda es objetiva y plausible pero también lo es que, a pesar de su gran influencia en La Moncloa, no tenÃa derecho a veto ni la última palabra en cada discusión interna en el Consejo de Ministros ni en La Moncloa era suya. Es de sobra conocido que, sin dudar de la empatÃa entre ambos, la principal mano derecha de Zapatero ha sido y es José Blanco, ese ministro tan denostado por ciertos autodenominados bohemios y que aporta, si no la mayor, uno de los mejores avales de un ejecutivo cogido con alfileres. En un Gobierno donde estuviesen los mejores en cada cartera (estamos muy lejos de esa situación, desgraciadamente) seguirÃan siendo de los más coherentes y eficaces. Ya saben, los agoreros nos anunciaron hace unos dÃas que entre ambos habÃa un distanciamiento y poco menos que pasaban por una crisis de amistad. Bien, el tiempo pone a cada uno en su sitio.
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