Qué emocionante es todo esto

Lobisón

Las bolsas siguen bajando, la prima de riesgo dando sacudidas, y el presidente electo, Mariano Rajoy, pospone cualquier anuncio claro sobre su gobierno y sobre lo que piensa hacer hasta el momento de la investidura. Eso es lo que se llamaba con cierta sorna, durante el período anterior, administrar los tiempos. Pero, mientras el público en general adivina lo que puede salir de todo esto, los mercados —es decir, las agencias calificadoras y los intermediarios financieros— exigen anuncios inmediatos. Lo malo es que cuanto más los posponga, más insuficientes pueden parecerles, y que llegado el momento le exijan más sangre.

En su habitual tono de sentido común —mejor o peor informado—, Rajoy ha hablado de pedir a Bruselas y a Fráncfort apoyo para dar liquidez a las empresas y terminar con la sequía de crédito. Sería una buena idea, si alguien quisiera oírla. Más aún, el expresidente Aznar dijo anteayer que la actuación del Banco Central Europeo puede ser necesaria para evitar una catástrofe. Hablaba de la compra de deuda en el mercado secundario, pero a partir de ahí el BCE se puede plantear avalar la deuda en euros o introducir los tan ansiados eurobonos, o ambas cosas. ¿Será posible que a estas alturas Aznar esté llegando a la lucidez en este terreno? ¿Tan mal están las cosas?

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