Ni concretar errores, ni asumir responsabilidades

Barañain

El comité federal del PSOE se ha reunido para encarar la nueva etapa que se abre tras la debacle electoral. Para quien esperara un análisis de las causas de la derrota el resultado habrá sido decepcionante. Para quien confiara en que el máximo órgano, entre congresos, del partido socialista alumbrara el inicio de su renovación, el resultado no podrá haber sido más preocupante.

Zapatero resumió -adecuadamente-, las vicisitudes de la segunda legislatura, marcada absolutamente por la crisis y reconoció errores en la gestión de la crisis y en la comunicación de la misma. ¿Pero, realmente, reconoció errores? ¿Qué errores? Este es uno de los más típicos recursos de  nuestros dirigentes políticos -al margen  de su tendencia-, cuando las cosas no salen bien. Decir que se reconocen errores pero, por si acaso, no explicitar cuales son, no concretarlos.  Y es que enunciar los fallos da pistas a los discrepantes  para ahondar en la crítica.  Y esa contención es compartida por el auditorio, en este caso los dirigentes del PSOE, que no quieren verse desbordados: se trata de aparecer humildes ante la derrota pero conservando el control de las riendas.

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