“No se les ve, pero están ahí…”

Barañain

“Permítanme que haga aquí, en Nueva York,  un reconocimiento a la mayoría de españoles que no se manifiestan, que no salen en las portadas de la prensa y que no abren los telediarios. No se les ve, pero están ahí, son la mayoría de los 47 millones de personas que viven en España. Esa inmensa mayoría está trabajando, el que puede, dando lo mejor de sí para lograr ese objetivo nacional que nos compete a todos, que es salir de esta crisis”.

Primero fue el palo, la violencia exagerada y sin venir a cuento ante una manifestación a la que simultáneamente se trataba de desacreditar por su escasa relevancia numérica y política. La iniciativa  del 25-S era, en el discurso del gobierno, a la vez un desafío de primera magnitud (como un intento de golpe de estado nada menos) y una cuestión menor. La contradicción entre ambos planteamientos saltaba a la vista (¿y aún se extrañarán de que ya nadie les crea?). La abrumadora presencia policial en la calle casaba mal con el pretendido ninguneo. Resultado: con la violencia desatada, la “marca España” nunca se mostró tan problemática ante el mundo como estos días.

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El banco malo

LBNL

Siento no ocuparme de Cataluña, de las manifestaciones anti-política, incluida su represión y los posibles planes para limitarlas, de la subida del paro o de los rumores de que Rajoy estaría ya finalmente decidido a pedir el rescate aunque Merkel sigue presionándole para que lo retrase. Pero es que hoy es el día en que, por fin, el Ministro Guindos va a desvelar en el Congreso las características del “banco malo”, asunto trascendental por varios motivos.

Seguramente habrá quienes no sepan bien en qué consiste esto del banco malo. No es de extrañar. A menudo se menciona pero casi nunca explican en qué consiste, más allá de que va a servir para rescatar a los bancos y así pueda volver a fluir el crédito. Pero entonces, no seria más bien un banco bueno? Especialmente teniendo en cuenta que los demás, los que va a rescatar, son bastante malos?

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Vientos y tempestades

Lobisón 

Más allá de la opinión que cada quien tenga sobre la apuesta de Mas por la independencia de Cataluña, lo que parece indudable es que constituye un problema más, y no menor, para un gobierno que ya tiene que hacer frente a la desconfianza de los inversores sobre la economía, a la tasa de paro más alta de Europa occidental, a la rápida erosión de su apoyo social y a un clima de conflictividad creciente por la resistencia a los tremendos recortes presupuestarios. Otro récord, que dice mi hija.

Quizá no esté de más subrayar los hechos y omisiones de Mariano Rajoy en la oposición que han contribuido a llevar a su gobierno a esta situación respecto a Cataluña. Es verdad que en el origen del problema está el desastroso borrador de Estatuto que tramitó el Parlament, y que Zapatero a priori se había comprometido a apoyar. La promesa resultó de alto riesgo, porque la mala cabeza de Maragall y la puja al alza entre los miembros del tripartito dieron por resultado un texto inviable.

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¿República federal? ¡Me estoy independizando encima!

Pratxanda

El presente artículo pretende ser una respuesta al artículo (y comentarios) de Pedro Luna: Un baño de realidad del pásado sabado 15 de septiembre sobre la Manifestación de la Diada. NO pretende abrir un debate sobre la independencia (a favor o en contra), pero sí sobre los análisis que se estan haciendo sobre esta. Empecemos pues:

El artículo, aunque de estilo diferente, comparte algunos items con los de dos digitales cavernarios:
Pedro Luna: Ese sentimiento gregario de pertenencia a la tribu del que se nutre todo nacionalismo llenó las calles de Barcelona para reclamar la creación de un nuevo Estado

Alerta digital: Charnegos a mogollón: Una masa inculta, aborregada y adoctrinada pide la independencia de Cataluña en las calles de Barcelona

Minuto digital: “La Cataluña casposa y borreguil sale a la calle

Jaume Andreu (cercano a C’s) en el País “con la complicidad de la práctica totalidad de los partidos llamados “catalanistas”, el viejo espectáculo —panem et circenses— que consiste en sublimar los problemas intestinos de la sociedad mediante un enfrentamiento dramático con lo que los nacionalistas de todo pelaje llaman el Estado español. “

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