Alfons Salmerón
Hace casi cuarenta años caía en mis manos un libro cuyo recuerdo todavía hoy me acompaña, Un mundo feliz de Aldous Huxley. Nos lo había recomendado la profesora de Ética, cuando se enseñaba ética en los institutos, y el azar quiso que aquel mismo mes fuera el libro escogido por mi madre del catálogo de Círculo de Lectores.
Ha llovido mucho desde entonces, tanto que aquel chaval de apenas dieciséis años, introvertido y curioso a partes iguales que empezaba a adquirir conciencia y compromiso social, apenas podía imaginar que aquella distopía que lo atrapó durante unas semanas se pareciera tanto a la realidad que hoy vivimos.
Me vino a la memoria aquel libro hace un par de semanas mientras me documentaba para preparar una charla sobre salud digital para una escuela del municipio donde resido. No sé si tienen muy presente aquel texto que, junto a la otra gran distopía del siglo pasado, 1984, tanto nos hizo reflexionar sobre el control social, pero lo cierto es que el tiempo en el que vivimos se parece bastante a aquella sociedad, que inspirada en los principios del conductismo, aplicaba un eficaz modelo de dominio de clase unánimente aceptado por sus súbditos, en el que el control y la gestión del placer devenía el instrumento imprescindible para disolver lo colectivo al servicio de la productividad y la elevación de la libertad individual a los altares de la jerarquía de valores. Sigue leyendo