Preparados para la clandestinidad

Senyor G

En mi familia se ha explicado variadamente que, cuando el golpe de estado del 23F (23/02/1981), a mi madre le pilló sola en casa, con dos niños pequeños: mi hermano de 1 año y medio y yo de 5 y medio. Mi padre, trabajador de la SEAT y militante de CCOO, estaba esa temporada en la fábrica de Pamplona, entonces todavía de la SEAT. Entre otras curiosidades, mi madre se enteró al día siguiente cuando ya había pasado todo por así decirlo. Se sonrió cuando sus padres, y otras personas le dijeron que pensaron en ella durante todas esas horas: “pobre, ella sola con 2 niños”, y mi madre “ya, ya, pero nadie vino a decirme nada” y sonreía. La única pista que pudo haber tenido es que yo intentaba ver la entonces corta programación infantil de TVE, y solo había música militar. Capaz fui de hacer algún paso pato.

Mi padre se enteró al levantarse para ir a la fábrica. Uno de sus compañeros de piso, del que siempre ha añadido que no se acaba de fiar, le dijo recién despierto “han entrado guardias civiles donde se reúne el Carillo y esa gente” y mi padre, persona que algo habría leído, le situó con un “macho eso es un golpe de Estado”. A todo eso, nos dijo que si lo llega a saber la noche anterior se hubiese vuelto a l’Hospitalet la misma noche desde Pamplona y que trabajadores politizados de ayer le decían que se hubiese ido con ellos al monte San Cristóbal. Él entendería alguna cosa de irse con los indígenas rojos de por allí a cierta lucha clandestina, pero ahora que su primogénito emparentó con cierta familia navarra, sabemos que allí hubiese acabado preso o alguna cosa así. Sigue leyendo