Austeridad, dice el Gobierno

Barañaín

 Nunca he sido muy partidario de esa típica apelación española al “chocolate del loro” con la que tendemos a desdeñar cualquier intento de ahorro o racionalización de costes en las empresas en general y particularmente en el sector público, sobre todo cuando el esfuerzo ahorrador se centra en lo que tenemos más próximo. Nos ponemos estupendos criticando la medida concreta que afecta a nuestro entorno laboral más inmediato mientras  invocamos otras necesidades, supuestamente más imperiosas y  a la vez, eso sí,  más “lejanas” en el tiempo y en el espacio.

 Por poner ejemplos cotidianos: ¿Que en cualquier dependencia pública se quiere limitar el uso a mansalva por todo quisque de las fotocopiadoras para imprimir documentos personales sin relación alguna con el trabajo? ¿Que se sugiere la conveniencia de apagar las luces al salir, por aquello del ahorro energético? ¿Que se pretende reducir la supermillonaria factura de teléfonos móviles en un hospital limitando su uso a quienes  objetivamente tienen necesidad de disponer de los mismos y acotando su consumo? La respuesta defensiva ante  cualquiera de esas humildes iniciativas de ahorro está asegurada de antemano: “¡eso no es más que  el chocolate del loro!” dirán los aludidos derrochones, para, a continuación, advertir apuntando a niveles más altos que “¡mejor sería que se controlaran otras cosas más costosas!”.

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El credo de Montilla

Barañain 

En un artículo publicado en El País hace ahora algo más de tres años, Josep Ramoneda utilizaba la metáfora de una “sopa fría” para referirse a la imagen que proyectaba  el Gobierno tripartito catalán, el “Govern d’Entesa”,  sobre la ciudadanía. Contaba Ramoneda que en un encuentro que acababa de tener con el presidente Montilla la tardanza en empezar la cena había enfriado la sopa que les esperaba en la mesa. Eso le daba pie a reconocer  que tras una etapa -la del primer gobierno de la izquierda catalana, presidido por Maragall-, de la que salieron todos un tanto escaldados, por la agitación vivida, “bien se agradecía una sopa fría”, aún advirtiendo de que tarde o temprano haría falta algo más caliente.

A punto de culminar la legislatura en esa Comunidad, una reflexión muy recurrente entre los socialistas catalanes ha sido la de achacar en parte la desafección ciudadana hacia la política, concretada en la abstención electoral, a un exceso de “política fría”. Retomando aquella metáfora de Ramoneda, el vicesecretario del PSC Miquel Iceta alertaba sobre aquellas causas que han alejado a gentes diversas de la participación política  y sobre la necesidad de darles nuevos y suficientes motivos para la participación activa: “…para ello la sopa no sólo debe estar caliente sino que debe mejorar su sabor y adaptarse a nuevos gustos. Porque, en efecto, los problemas de las sopas no son sólo los relativos a la temperatura a la que se consumen. A veces les falta sal, en otras ocasiones les sobra. A veces echa uno de menos algunos tropezones, crujientes picatostes o el placer de degustar texturas distintas en lugar de consumir purés de sabor indeterminado.”  Y es que, constataba Iceta, los partidos políticos tienden a veces al puré indeterminado. “Intentando gustar a todo el mundo, producen en algunos momentos mezclas insípidas y uniformes en las que es difícil encontrar el gusto de lo auténtico y lo diverso (…) Ese puré uniformador de la política hueca ha desorientado también a veces a la izquierda, pues cuando la izquierda se limita a una mera gestión administrativa, abandona la tarea de gobernar en el sentido profundo de la expresión y se aleja de la energía que la alimenta: utopía, debate y participación. Esos son los ingredientes de una política caliente”.

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¿Cadena perpetua? ¿Más aun?

Barañain 

Se ha iniciado la tramitación parlamentaria de una nueva reforma del Código Penal – es decir, de nuevo endurecimiento del mismo, que es algo que periódicamente excita el celo de nuestros políticos -, y vuelve el PP a la carga con su propuesta de “cadena perpetua revisable”, una  nueva pena específica para los delitos considerados más graves, como el asesinato terrorista y la muerte con agresión sexual. La revisión de la pena se llevaría a cabo transcurridos veinte años de su cumplimiento si se  se constata la posibilidad de  reinserción,  el arrepentimiento del preso, que haya satisfecho sus responsabilidades civiles y que la gravedad de la culpa no exija el cumplimiento efectivo de la pena.

Apoyándose en el eco mediático exacerbado de crímenes como los de Marta del Castillo, Sandra Palo o la niña Mari Luz Cortés, los sectores mas radicales de la derecha política y judicial desempolvan periódicamente  el debate de la cadena perpetua o, según la última versión de la recurrente propuesta, de la prisión permanente revisable.  “Se basan en trágicos delitos, muy excepcionales y que conmueven intensamente. Detrás de ellos se observan errores de los órganos judiciales y unos medios de comunicación que expanden el sufrimiento a costa de primeras páginas que elevan sus ventas. Es el escenario perfecto para pedir el endurecimiento del código penal. Hace unos meses el debate se centró en que la edad penal debía de rebajarse a los doce años….. ahora toca el turno a la cadena perpetua…” (declaración de la plataforma “Otro derecho penal es posible”).

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Cunit como síntoma

Barañaín

Hace unas semanas hubo mucho revuelo por el intento del Ayuntamiento de Vic de impedir el empadronamiento de inmigrantes en situación irregular; no lo ha habido tanto, ni muchísimo menos,  por  el lamentable episodio ocurrido en la localidad de Cunit (Tarragona), pese a que ambos asuntos pueden considerarse, en cierto modo, como las dos caras de una misma moneda. O como dos enfoques, igualmente distorsionados y preocupantes,  de los problemas derivados del impacto social de  la inmigración sobre todo si los inmigrantes pertenecen a grupos étnicos como el magrebí, en los que el bajo nivel cultural y el fundamentalismo de su religión musulmana dificultan su integración social.

En Cunit, ha llegado a los tribunales la denuncia de Fatima Ghailan, marroquí y musulmana, que trabaja como “mediadora social” para su Ayuntamiento, por el acoso padecido por parte de algunos miembros de la comunidad islámica, entre ellos el imán y el presidente de la asociación islámica de la localidad. El acoso se inició nada más conseguir la víctima  el empleo municipal. El hecho de estudiar un master, trabajar, hablar un castellano y un catalán perfectos, no cubrirse con  pañuelo, conducir su propio vehículo, relacionarse con personas no musulmanas, etc. eran, a ojos de los fanáticos,  rasgos tan  intolerables de su pecaminoso estilo de vida occidental que intentaron no sólo intimidarla a ella sino conseguir tanto su despido por parte del ayuntamiento como su aislamiento social y el de su familia en el seno de la comunidad magrebí.

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El tiempo de las reformas

Barañain 

La secuencia de malos datos económicos de los últimos días, con un déficit público crecido hasta el 11,4% del PIB  y una cifra de parados superior a los  4,3 millones – que condicionará totalmente la política social para los próximos años-, ha empujado al Gobierno de Zapatero a recortar el gasto.

 En un claro intento de mostrar solvencia y credibilidad ante unos mercados desconfiados, el Gobierno ha querido enviar unas  señales claras – plan de austeridad, reforma en el sistema de  pensiones y cambios en el mercado laboral-, con las que además se marcan convenientes distancias, dicen, frente al ejemplo de la debacle griega, que amenaza con extenderse a otros países de la eurozona. Y eso pese a que, como bien dijo Zapatero días atrás en el foro de Davos, “España tiene un historial de país serio” en el que “la deuda está veinte puntos por debajo de la media de la eurozona”. Esa seriedad exige tomar medidas que pueden implicar un desgaste político ahora aunque sus beneficios se verifiquen en un futuro. En eso consiste, a veces, tomar la iniciativa política.  Sigue leyendo

Violencia machista: un balance positivo

Barañaín

Uno de los datos positivos  de 2009 – en general  annus horribilis -,  es el descenso en un 40% del número de  muertes por violencia machista respecto al año anterior. La cifra (55 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas)  ha sido un 15% inferior a la media de los últimos cinco años. Los cinco años que acaba de cumplir la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que se aprobó el Día de los Inocentes de 2004. Me parece llamativo, sin embargo, que el dato no haya sido motivo de portadas de prensa o titulares en televisión ni se haya resaltado suficientemente su importancia. Ni siquiera por parte del gobierno. Tal vez sea por pudor o por un temor supersticioso a no echar antes de tiempo  las campanas al vuelo. Y es llamativo porque cuando el dato era negativo bien que se especulaba con ello.

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Sobrevivir a la Navidad

Barañain

Recién concluida la Navidad, le envío un sms a una  amiga, asidua de Debate Callejero,  y le digo que estoy escribiendo un artículo para el blog, del que ciertas turbulencias personales y familiares me han tenido apartado últimamente.  Lo cierto es que,  acabada la primera fase de los festejos (aún nos quedan la temible Nochevieja y los regalos de  Reyes), he salido airoso –de las turbulencias y de los excesos navideños-, así que con el ánimo restaurado me presto a mi trabajo de articulista.

-“Escribiré algo sobre las entrañables navidades”.  Y según tecleo en el móvil  esa frase, ya me estoy imaginando en el papel de Mr. Scrooge, ese extraordinario personaje del Cuento de Navidad de Dickens al  que, invariablemente, rindo un  íntimo  homenaje en estas fiestas tan horriblemente familiares.

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Ich bin ein berliner

Barañain 

Volví a Berlín hace unos días. Me hubiera gustado haber compartido con los berlineses la conmemoración del derribo del muro -que se celebra esta semana-, pero tuve que adelantar el viaje. Disfruté una vez más con esa  fantástica ciudad. Amable para el paseante. Cosmopolita. La monumentalidad clásica característica de las grandes capitales europeas queda aquí limitada  a un par de magníficas plazas en el centro histórico, en el entorno de la universidad Von Humboldt, a la isla de los museos y a la Puerta de Brandenburgo. A sus pies se extiende la avenida Unter Den Linden (“Bajo los tilos”, los que cortaron los nazis porque oscurecían sus desfiles)  lo poco que queda de la época prusiana tras dos guerras mundiales, un régimen comunista y veinte años de unificación. A falta de monumentalidad (de la clásica, digo, porque el Berlín  es hoy  todo un escaparte de la “alta costura” de la arquitectura actual), lo mejor de la ciudad es su espíritu activo, su vivísimo ambiente y, como dicen las guías turísticas, su continua metamorfosis: esa ilimitada capacidad de autoinventarse que la hace exponente permanente de la modernidad.  Sigue leyendo

Vigilando a los vigilantes: el caso de Human Rights Watch

Barañain

A mediados de agosto una noticia que primero fue extendiéndose por Internet y luego saltó a las páginas de “The New York Times” y del británico  “The Guardian” puso de los nervios a Human Rigths Watch (HRW) la conocida  y potente organización vigilante del cumplimiento de los derechos humanos, fundada en 1978 al calor de los Acuerdos de Helsinki (inicialmente se llamó “Helsinki Watch”).

La historia afectaba al señor Marc Garlasco, uno de sus más destacados “investigadores” y “experto” en asuntos militares,  protagonista de las más aceradas críticas a Israel por el uso desproporcionado de su fuerza y el daño a la población civil palestina. Se sabía del personaje que había trabajado en el Pentágono antes de incorporarse a HRW y que, aficionado como era a la historia militar, había escrito algún libro sobre la parafernalia bélica de los nazis.  El mosqueo surgió cuando se desveló que era asiduo participante en foros relacionados con ese mundillo de los fascinados por el atrezzo nazi (lo hacía  con un nick dudoso o ambiguo – “Flak88”-, nombre de una pieza de artillería de la Wermach  que también se ha usado como código de comunicación entre neonazis).

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La delgada línea roja

Barañain 

Si por algo se ha percibido la profundidad del cambio político acaecido en Euskadi, es por la voluntad que se está demostrando en la lucha contra el terrorismo, política  que incluye, y eso es toda una novedad en la trayectoria de las instituciones vascas, la deslegitimación social del mismo.

 Una muestra de esa voluntad de deslegitimar al terrorismo es el empeño en combatir la apología  de ETA que con impunidad ha venido siendo habitual en amplias zonas de Euskadi. Y, al hacerlo, preservar la memoria de sus víctimas. Porque cada homenaje a un etarra encarcelado es sentido por las víctimas y sus familiares como si se les agrediera de nuevo.

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