Carlos Hidalgo
Con las recientes elecciones al Parlamento Europeo toca reconfigurar las instituciones europeas de acuerdo a lo que la voluntad popular de los países miembros ha expresado con sus votos. Todo el mundo parece coincidir en que, aunque la extrema derecha europea ha subido en representación, la gran coalición de socialdemócratas y populares europeos podrá reeditar sus acuerdos. Y puede que esta vez España pueda tener más influencia en la próxima Comisión Europea, que parece que va a volver a ser presidida por Ursula Von Der Leyen.
Sin embargo es preocupante que la influencia de la extrema derecha ya se deje notar en algunas cosas en las que Europa ha tenido que recular, como cesiones en temas agrícolas y medioambientales, que nos retrasarán un poco como ejemplo mundial de que el desarrollo económico y el medioambiente no están reñidos.
El decepcionante presidente de Colombia, Gustavo Petro, tuiteó que Europa estaba dejando de ser un faro de la democracia y que los avances de la ultraderecha se debían a que las políticas sociales europeas tenían “anestesiada” a la ciudadanía de la Unión. No diré el adjetivo que se me ocurre para Petro, pero sí que diré que su orgullo por ser un país sin estado de bienestar dice muy poco de él y de su acción de Gobierno. Sigue leyendo