Arthur Mulligan
Presentar como propio un libro como quien presenta una tesis que no ha escrito y rodeado de sus ministros, no deja de ser algo grotesco, aunque no tanto como las carcajadas convulsas de quien carece de empatía y se molesta con la actitud de su partido cuando no le defiende de las ofensas que sus adversarios o su paranoia no reprimen.
Un acto de propaganda, un narcisismo desaforado y un volumen enorme del libro que es inversamente proporcional a la largueza de sus acciones. Al ver el escenario se entremezclan los datos: ¿hablará de la peor gestión de la pandemia, en muertos y en ruina? ¿o tal vez del mayor paro juvenil de la OCDE? Sin duda alguna no dejará de comentar nuestra peor tasa de pobreza infantil en la UE, una educación que ha tocado fondo y una crisis migratoria apenas disimulada. Pero ¿qué se puede esperar de un presidente que no leyó su tesis conservada en un sarcófago y ha firmado dos libros que no ha escrito?
Irene Lozano, su autora, describe su propia obra como “amena y profunda”. ¿Hay quien dé más antes de arrancar el retractilado? Sigue leyendo