Un par de escaños cruciales

 

Padre de familia 

Las últimas encuestas indican que el resultado de las elecciones autonómicas que se celebrarán en Galicia y en Euskadi el próximo domingo depende de un par de escaños en ambos casos. También en ambos casos, el resultado tendrá posiblemente consecuencias de alcance nacional, más allá de las implicaciones directas para los ciudadanos de ambas comunidades.

 

En Galicia no hay dudas sobre el triunfo del PP como opción política más votada, pero lo relevante es si conseguirá llegar a la cifra mágica de 38 diputados que le permitiría recuperar la Xunta… o se queda por debajo de los 35 que – a decir de los rumores – desencadenaría definitivamente el asalto de los barones populares a la sucesión de Rajoy.

 

Pontevedra y Coruña parecen ser las circunscripciones en las que se dilucidará quién gobernará los próximos cuatro años. Atendiendo a la novedad del candidato popular y a la relativa satisfacción del electorado con el bipartito, lo más probable es que el PP se quede a uno o dos escaños de la mayoría absoluta y siga en la oposición. Sin embargo, la aceleración del deterioro económico, de una parte, y los escándalos de corrupción en el PP (incluida la retirada del líder orensano por cuestiones fiscales), de otra, introducen factores de difícil cálculo que pueden acabar sorprendiendo.

 

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Qué poco sabemos de nada

Lope Agirre 

Abrumadito estoy de toda la sabiduría que se destila, como vino recio, en estas páginas de DC, Debate Categórico, Divulgación Científica, Duelo Carbónico, Doble Colesterol, y es tanta mi vergüenza por no saber lo que debería, para estar a la altura de los debates circunstanciales, es tanta la ignominia que siento subírseme por el canalillo de las vísceras, por no ser siquiera capaz de aparentar un mínimo de entendimiento, que me veo obligado a hacer una confesión: “Sólo sé que no sé nada”. Duda Cierta, que no es lo mismo que Cierta Duda. Ya es algo, ciertamente. Dudo luego existo, quizás, quizás, quizás.

 

La primera pregunta que me hago todas las mañanas, tras haberme despachado el café con leche y los suculentos bollos, medialunas, napolitanas que le acompañan es la siguiente: “¿Qué sé yo?”. No es pregunta fácil ni sencilla, no es cuestión, como se dice ahora, baladí, que te di, porque de equivocarnos y afirmarnos, como consecuencia, en el ¡”Yo qué sé!”, estamos cambiando de tercio y de lugar sintáctico, en ese Desierto Caliente, que es el de la escritura y la comunicación.

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