Millán Gómez
Se cumplen cien dÃas desde que Barack Obama accediera a la presidencia de Estados Unidos. Durante ese tiempo existe una regla escrita que impide criticar a los presidentes y gobiernos elegidos. Ya sabemos que en otras ocasiones no se cumple. Independientemente de esto último, es un perÃodo prudencial que ya nos permite analizar y reflexionar sobre la gestión llevada a cabo por Obama hasta este momento.
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Apenas cuarenta y ocho horas después de ser investido presidente anunció oficialmente el cierre de la vergonzosa cárcel de Guantánamo. Fue toda una declaración de intenciones. La decisión fue simbólica pero efectiva. Cuando se producen momentos de cambio polÃtico los ciudadanos desean de los polÃticos electos un golpe de timón que siembre esperanzas y permita a sus votantes e incluso a quienes no le apoyaron comprobar que no iban de farol. Es una forma de comunicar que sus promesas no van a caer en saco roto. El cumplimiento de una iniciativa electoral al poco de alcanzar el poder es necesario. Además, aborta asà cualquier mÃnima etapa de transición que produce un gran hastÃo en los ciudadanos cuando llegan a la conclusión de que en polÃtica todo marcha excesivamente despacio. Poner una marcha más revitaliza al electorado y le insufla una ilusión necesaria. Sirve para reactivar a la opinión pública y acortar vacÃos de poder.