Las Venas abiertas de Latinoamérica

Melinda 

Era el verano de 1976. Mochila a la espalda, recorría con mi novio parte de las Américas: de Nueva York a Denver, Arizona, luego San Francisco; de allí a San Diego y, por fin, nos adentrábamos en la península de Baja California por la siniestra Tijuana. El autobús se detuvo en Loreto a las 2 de la madrugada y de repente nos invadió un calor húmedo tremendo que casi te impedía respirar. Descansamos unos días y continuamos, vía La Paz, hasta llegar al bellísimo Cabo San Lucas, en la costa del Pacífico, desde donde, después, atravesamos en un ferry hasta Puerto Vallarta, y, así, entramos de nuevo en el continente por el oeste de México. 

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