Frans van den BroekÂ
El 22 de este mes cumple Doris Lessing la venerable edad de 90 años. Su vida se extiende, por tanto, a lo largo de uno de los más violentos e intensos siglos que la humanidad haya conocido jamás, hecho que se refleja en su obra y, sobre todo, en su actitud como creadora y comentarista cultural. En reconocimiento de su importancia, se le concedió el premio Nobel el año 2007, noticia que recibió de una manera que en casi cualquier otro caso habrÃa interpretado como impostura o incluso vanidad, pero que en el suyo hasta me pareció predecible, en acuerdo con el espÃritu de su obra y las normales limitaciones de la edad: “Oh, Godâ€, exclamó, con tono contrariado, al enterarse por un periodista que la esperaba a la puerta de su casa de la concesión del premio, y con un gesto que indicaba el cansancio que le procurarÃan la atención de los medios y la segura retahÃla de preguntas que tendrÃa que empezar a contestar. ¿Quién se encargarÃa de la compra que acababa de hacer, además? La amabilidad venció muy pronto a la contrariedad, sin embargo, y tuvo la entereza de sentarse a la puerta de su casa para responder con sencillez a la prensa y sonreÃr con ironÃa cuando las preguntas, como suele ser en estos casos, se deslizaban a lo trivial. Creo que quien haya leÃdo su obra con la debida paciencia y suficiente desprejuicio, entenderá porqué afirmo lo anterior.