Poesía y locura: Martín Adán

Frans van den Broek 

¿Por qué la genialidad va tan a menudo aparejada al desequilibrio mental? ¿Por qué la poesía, en particular, se ha asociado desde antaño a la locura o al éxtasis? Estas son preguntas que han inquietado a la humanidad desde sus inicios, como lo demuestra el examen de las literaturas y filosofías antiguas, así como los estudios etnológicos o arqueológicos. Las respuestas, como es natural, dependen del ámbito cultural en las que se ofrecen y, por lo demás, debemos reformularlas en nuestros términos para comprenderlas. Esto es, lo que entendemos como enfermedad mental hoy no es lo mismo que entendía un griego o un escita, aunque es legítimo suponer que ciertas formas de comportamiento extravagante o delirante tienen similitudes suficientes como para agruparlos en la misma categoría. 

Como fuera, la relación existe y es más o menos ubicua, desde la manía platónica hasta el poeta romántico. En Perú tenemos incluso un poeta cuya conciencia de la relación fue menos genérica que personal, y le llevó a decidir, por cuenta propia, recluirse en el manicomio durante los últimos decenios de su vida. Martín Adán, seudónimo de Rafael de la Fuente Benavides, es uno de los más importantes poetas latinoamericanos, si bien su calidad como poeta no corresponde con su difusión o reconocimiento en el mundo hispanohablante, ya que es muy poco conocido fuera de las fronteras de su país, y aún en el mismo, y esto por varias razones. La principal, sin duda, es la dificultad de su poesía, pero a esto se aúna la propia personalidad del escritor, quien huyó de los rigores del mundo, y no se preocupó de cuidar su legado literario, ni de publicar sus poemas o de ensanchar su fama, a diferencia de muchos otros de menor calidad, como su compatriota Chocano o como el intenso, pero no pocas veces retórico Pablo Neruda.

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