La ideología del malismo

Lobisón 

En su nuevo libro, Más democracia, menos liberalismo (Madrid: Katz, 2010), el profesor Ignacio Sánchez-Cuenca denuncia la proliferación de instituciones que escapan a la voluntad de la mayoría a la vez que limitan la capacidad de ésta para decidir las políticas a realizar. Esto es lo que considera un exceso de liberalismo a expensas del principio democrático, ya que se supone que estas instituciones sirven para evitar los desmanes en que podrían incurrir las mayorías. Otros autores —por ejemplo Roberto Gargarella— han argumentado ya contra ese temor institucionalizado al poder de las mayorías, y sus consecuencias negativas, por ejemplo, en la creciente disfuncionalidad de los órganos del ‘poder judicial’.

El argumento teórico adquiere un sesgo distinto cuando se observa el riesgo real de que las mayorías coyunturales cambien las reglas del juego para crear un monopolio institucional que les permita asegurar su perpetuación. Este es un temor fundado en países como Venezuela, Bolivia y Ecuador: por muy amplias y legítimas que sean las mayorías que han respaldado los cambios constitucionales en estos países, es muy verosímil que éstos reduzcan la expresión política del pluralismo social. Pero no es de esto de lo quisiera hablar, sino de una premisa en el análisis de Sánchez-Cuenca: la existencia de diferencias ideológicas

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