Millán Gómez
Los sindicatos han reaccionado. Parece que por fin han hecho suyo el sentir de una parte importante de la sociedad que reclama un mayor activismo por parte de unos agentes sociales que, si bien siempre son importantes para el buen desarrollo de una sociedad moderna y democrática, su rol aumenta en un contexto de crisis económica. Aquellos que peor lo pasan cuando vienen mal dadas deben sentirse apoyados e identificados con los sindicatos y no sentirse huérfanos en sus reivindicaciones. Es habitual en los últimos tiempos escuchar a ciudadanos que protestan porque sienten que ni la UGT ni CCOO mueven un dedo ante los más de cuatro millones y medio de parados porque hay un gobierno progresista en La Moncloa. Es muy difÃcil verificar que éste es el motivo principal pero evidentemente las sospechas tienen su legitimidad y argumentos verosÃmiles.
También es cierto que la UGT, sindicato afÃn al PSOE, ha endurecido su discurso en los últimos tiempos. Por lo tanto, la tesis anterior tendrÃa menos fundamento. No en vano, anteayer, el secretario de Acción Sindical de la UGT, Toni Ferrer, tras una reunión con el Gobierno y la patronal, anunció en rueda de prensa que la reunión no habÃa tenido “contenido de calidad†y declaró que apenas tenÃan información. El panorama era, por tanto, desolador. Ayer, apenas 24 horas después, advirtió que si se confirman los rumores de que el Gobierno pretende “imponer†una reforma laboral esto supondrÃa un “motivo más que suficiente para una huelga generalâ€.