Lope Agirre
Milán Kundera escribió La insoportable levedad del ser, una de las obras que mejor retratan el modo de sentir, más que de ser, contemporáneo. En la novela nos encontramos con el concepto del kitsch, que ha sido teorizado y desarrollado por otros autores, entre ellos Hermann Broch y Theodor Adorno. Sin embargo es con Kundera que adquiere connotaciones completamente nuevas. Se ha identificado el kitsch con el mal gusto. Y el mal gusto o el pésimo gusto «es opinión general“, son consecuencias de esta sociedad donde la ideología prima sobre las ideas, y el sentimentalismo sobre los sentimientos. Soy de la opinión de que el sentir ha adquirido mayor importancia en nuestros días que el pensar y el actuar, hasta el punto que la reivindicación del sentimiento es primordial y anterior a otras reivindicaciones.
Es en el terreno de la moral donde se va extendiendo el mal gusto, el kitsch, con mayor rapidez si cabe. Por supuesto, habría que diferenciar, en lo posible, el buen gusto del malo, aunque me parece que a estas alturas del siglo no deja de ser un ejercicio baldío y vano, porque tanto uno como otro, el buen y el mal gusto, van juntos y de la mano. Sabemos lo que sabemos y si algo no sabemos no es porque queramos saber y no podamos, sino porque hemos decidido prescindir de esa capacidad de saber. La moral, por poner un ejemplo, es como el traje que se viste los domingos a la hora de misa, o del vermú, para aparecer y aparentar delante de los demás. En el hogar, se acostumbra a vestir ropa más holgada; y pijama liso o de cuadros, para dormir. Ante los otros no somos como somos ante nosotros, ni falta que hace, oiga.