Alternativa verbal

Millán Gómez

“¡Vaya país!”, exclamó indignada una periodista al término de una nutrida rueda de prensa este pasado jueves. No le falta razón. Los argumentos son innumerables. Vivimos en un país donde un juez que investiga los crímenes de una dictadura va directamente y sin escalas al banquillo de los acusados, donde Gobierno y oposición son incapaces de llegar a acuerdos en tiempos de crisis económica o donde los procesados por corrupción no devuelven un solo euro y sus conmilitones miran hacia otro lado ante la impasividad de la sociedad civil.

Rajoy acudió a una reunión en La Moncloa. Lo peor de todo no fue que no llegaran a más de un acuerdo sino que era lo previsible. Tenemos una confianza en nuestros dirigentes que roza lo esperpéntico. Tampoco podemos caer en la maniquea expresión de “todos los políticos son iguales” porque eso tampoco es así. Gracias a la clase política hemos vivido una Transición modélica, gracias a la clase política Barcelona se ha modernizado y organizado unos Juegos Olímpicos, gracias a la clase política se defiende la libertad y la deslegitimación del terrorismo en las calles de Euskadi y gracias a la clase política Estados Unidos ha avanzado hacia una Sanidad para todos. Son simplemente algunos ejemplos, clavos a los que agarrarnos en tiempo de vacas flacas.

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