Aitor Riveiro
Lo que ocurrió el pasado lunes a 60 millas náuticas de la costa de Gaza es de todo menos sorprendente. Por eso, sorprende que los aliados de Israel se muestren sorprendidos por la actuación de «la única democracia de Oriente Próximo». Únicamente aquellos que hayan permanecido ciegos y sordos los últimos 50 años pueden mostrarse sorprendidos, algo que no creo que cumplan Moratinos, Sarkozy, Merkel, Obama o la ONU. No es la primera vez que Israel vapulea el derecho internacional. No es la primera vez que asesina a extranjeros, dentro y fuera de su territorio. No es la primera vez que ajusticia, sin pasar por un tribunal, a cooperantes europeos.
Precisamente, el último de los barcos de la flotilla asaltada la madrugada del lunes cuando pretendÃa llevar a la sitiada Gaza ayuda humanitaria tiene por nombre el de Rachel Corrie, una activista pro palestina que murió aplastada por una excavadora del ejército israelà cuando protestaba por la demolición de casas palestinas en la propia franja de Gaza. Dicha nave, que por problemas técnicos quedó rezagada del resto, navega hacia Gaza en el momento de escribir estas lÃneas. El ejército israelà ya ha avisado de que no permitirá que cumpla su objetivo y, dados los precedentes, nadie duda de que asà será.
Asà que, ¿a qué viene tanta sorpresa?