Frans van den Broek
La lectura de un libro sobre la batalla de Moscú en 1941-1942 es, si hubiera necesidad, el mejor antÃdoto contra un exceso de optimismo (o pesimismo) en la naturaleza humana y en la objetividad de las ciencias históricas. Ambos puntos merecen poca discusión –poca discusión trivial, quiero decir, por quien, como el que escribe, sabe poco del asunto-, pero un repaso de las razones por las que se han convertido en tan obvios depositarios de escepticismo intelectual siempre puede ser útil como ayuda en la relativización de nuestros triunfos y nuestras miserias.
El libro que agobia mis noches –he llegado a soñar con algunos de sus pasajes más acerbos- lo ha escrito Andrew Nagorski, y hace uso de material nuevo, hecho disponible después de la caÃda del imperio soviético. ‘The Greatest Battle’ combina una visión general de los momentos más crÃticos de dicha campaña con testimonios personales de algunos supervivientes, cartas interceptadas por la NKVD (antigua KGB) o por los servicios secretos alemanes, memorias de algunos participantes y documentos varios de toda laya, para crear una narrativa de lectura ágil y hasta podrÃa decir que apasionante, si es que el espectáculo de la abominación humana puede consentir dicho epÃteto.