1996 en el espejo

Millán Gómez

Los presidentes del PP y PNV, Mariano Rajoy e Íñigo Urkullu, se reunieron ayer en el despacho del primero en el Congreso de los Diputados. La versión oficial del PP dice que el objetivo de la reunión era tender puentes y cotejar a los jetzales para conocer de primera mano si sería viable acuerdos entre ambos en materia económica. El acto es el primero que mantienen ambos dirigentes y el de mayor importancia entre los dos partidos desde hace doce años, aunque el realmente importante y a la vez simbólico fue el que se produjo a primeros del mes pasado en Bilbao entre Basagoiti y el propio Urkullu.

No debería ser noticia que los líderes del PP y del PNV se reunieran. Pero aquí lo normal es anormal. El PP desde el año 2000 mantiene una actitud de aislamiento hacia los nacionalistas muy difícil de reabrir. Lo curioso de todo es que ambas son formaciones conservadores, incluso podemos decir que muy conservadoras, con un componente democristiano notorio e incluso con un fuertes connotaciones nacionalistas. Por todo ello, resulta incomprensible que no lleguen a acuerdos entre ellos y mucho más difícil de entender es que ni siquiera se sienten a dialogar.

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