Silencio absoluto

Millán Gómez

La omisión por bandera. Ése parece ser el programa del presidente electo del Gobierno de España. Mariano Rajoy Brey ha hecho mutis por el foro y desconocemos sus intenciones. Dicen sus colaboradores que está trabajando intensamente. Bien, no esperábamos otra reacción oficial. No nos los imaginábamos anunciándonos que realmente está descansando, jugando al tute y practicando papiroflexia. Él, que con tanta razón nos dijo que las reformas urgían en el tiempo, ha hecho de la lentitud y la pasividad el rasgo predominante de sus primeros días como presidente electo de este nuestro país. Conocemos pocas pero algunas propuestas por filtraciones a los medios de comunicación. De su propia voz, nada. Incluso no sabemos si le ha cambiado. Quizás ahora se haya reconvertido en Tom Waits.

La sociedad española le ha dado “confianza absoluta”, como perfectamente definieron varios diarios el lunes poselectoral, pero no manga ancha. Si bien va a poder poner en práctica la gran mayoría de sus propuestas, va a recibir análisis variopintos fruto de un nuevo Congreso más fraccionado. El escepticismo social es la nota predominante. Su presunta vagancia es vox populi. En este país tan cainita es complicado sacudirse las etiquetas y él, como líder político, debe saberlo y actuar en consecuencia. Se ha ganado esa fama de forma meritoria. En su mano está el despegarse de su estereotipo y hacer callar a los dudosos con medidas contundentes y concisas. El “como Dios manda” no es suficiente. Y que la Iglesia me disculpe.

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