Dilemas ganadores

Millán Gómez

La historia la escriben siempre e injustamente los ganadores. El PP ha triunfado en las últimas elecciones generales. En esos resultados objetivos e irrefutables se basan desde Génova a la hora de considerar que la responsabilidad de la crisis es del Gobierno actual en funciones. Los votos no otorgan la razón, sino el apoyo. La mayoría de la sociedad española ha considerado que el PSOE es el responsable de la crisis y, como tal, lo han enviado a los fríos banquillos de la oposición. A una tribuna opositora menguante, con todo lo que ello significa. Ambas zonas están delimitadas por el muro de la mayoría absoluta, pared que, a pesar de que otorga una notable facilidad para aplicar las medidas programáticas (sic) del PP, no permite superar los límites de la ética y el sentido de Estado. Más allá de las mayorías suficientes está la responsabilidad. No es lo mismo ejecutar medidas con mayoría absoluta pues cuentas con ese colchón de votos, que alcanzar también acuerdos con otras formaciones para que las propuestas tengan la mayor base posible y, por ende, sean de mayor calado democrático.

El PP perdió en 2004, entre otras razones, por su infinita capacidad para hacer de la mayoría absoluta su justificación según la cual todo lo que ellos hacían estaba bien. No deberían cometer el mismo error. Algunos dirigentes del PP, quiero pensar que con sentido de Estado y lucidez, han afirmado que a España les interesa un principal partido de la oposición fuerte, en este caso el PSOE. Tienen razón. No tengo motivos ni intención de pensar mal de ningún dirigente mientras no se demuestre lo contrario. Por ello, creo en la sinceridad de los políticos. Cierto es que en muchos casos he sido un perfecto ingenuo, pero prefiero equivocarme a tener prejuicios.

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