José S. Martínez
La victoria de 1982 puso a un partido «nuevo» y sin armar al frente del Gobierno, pues su presencia en la España franquista era casi testimonial. Para afrontar su bisoñez, el PSOE fichó a funcionarios que renegaban del franquismo, profesionales liberales y militantes de movimientos sociales, como sindicatos o asociaciones de vecinos. En general, fue gente joven, con un fuerte compromiso con la izquierda, cuando esta palabra era sinónimo de oposición a la Dictadura. Esta gente joven, entre los 30 y 40 años en aquella época, por motivo de sus nuevas responsabilidades, desconectó de su pasado profesional y de activista, y todavía siguen desempeñando puestos relevantes en el partido, a sus 60-70 años. La siguiente generación de militantes ya veía al PSOE como un partido de gobierno, y en buena medida, estas generaciones sucesivas pasaron a realizar su vida profesional dentro del partido y de su entorno, ya fuese en actividades de gobierno, oposición o instituciones controladas por la administración o por el partido. Es decir, la propia dinámica histórica de la Transición, llevó a un PSOE muy abierto a la sociedad en los 80, a desarrollarse luego cada vez más de espaldas a la sociedad.