Frans van den Broek
Mientras se sofocaba en una cárcel trujillana, un escritor nacido en un rincón remoto del mundo, alejado de todos los centros culturales y políticos de la civilización occidental (tal y como se concebía entonces), escribió un librito de poesías que iría a contribuir a cambiar el temple espiritual de nuestra cultura. Si esto suena grandilocuente, tal vez la afirmación de que la poesía en castellano jamás sería la misma desde entonces suscite menos resistencia, pues así fue. Me refiero, habrá adivinado el amante de la poesía, a «Trilce», de César Vallejo, nacido hace 120 años en la población andina de Santiago de Chuco al Norte del Perú, razón por la cual han tenido lugar las celebraciones del caso y se habrán pronunciado los discursos atinentes y escrito los estudios que se deben. Sobre Vallejo, a fin de cuentas, no puede dejar de escribirse desde el día en que murió en París, demasiado joven, acabado por una enfermedad cuya naturaleza aun no se ha logrado descifrar con certeza.