La tentación del abismo

Lope Agirre

El PNV tiene un problema, que no se le ha pasado por la cabeza, ni le ha inquietado durante los últimos treinta años. Puede perder el poder. Y eso, siendo en cualquier partido grave, en el caso del PNV es terrible, definitivo y mortal. Acostumbrado como está a manejar los hilos del país, que son amplios, intrincados y rentables, se ve ante la tesitura de dejar todo ello en manos de otros, a los que durante la campaña electoral ha llamado advenedizos, foráneos y poco menos que ladrones. Y no lo soporta.

 

Durante estos treinta años ha hecho y deshecho el país a su imagen y semejanza, ha socializado sus símbolos privados trasladándolos a la comunidad, y, sobre todo, ha convertido la administración pública en algo cerrado, propio, en un cortijo, donde ir colocando los hijos díscolos de los jerifaltes y no tan jerifaltes, hasta tal punto que entes como EITB, son la prolongación natural del batzoki. Han convertido algo que era común y de todos en un ente particular y obediente al mandamás de turno.

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