Aitor Riveiro
El absoluto ganador de la jornada electoral que vivimos el pasado domingo en España es Mariano Rajoy y, por extensión, el PP. Más concretamente, la parte del PP que aspira a gobernar, no a mandar.
Lo de Galicia no admite discusión, pese a que el PP ha ganado por demérito de los demás, tal y como revelan los resultados. El partido liderado por Feijoo apenas ha sumado un par de miles de votos con relación a 2005, lo que indica que su base social es la misma. Han sido los votantes progresistas y nacionalistas los que han decidido quedarse en casa y amargar tanto a PSOE como a BNG una fiesta para la que habÃan vendido todas las entradas con demasiada antelación.
[Nota: los votos perdidos que el otro dÃa no encontraba uno de nuestros comentaristas predilectos están en el extranjero. Ya llegarán y los porcentajes de participación se igualarán]
Cuando el Partido Popular perdió la mayorÃa absoluta en 2005 se abrió una opción de cambio en Galicia. El resultado de entonces invitaba al optimismo pero, a la vez, invitaba a los protagonistas del nuevo Gobierno a la mesura y al perfil bajo. En vez de dedicarse al buen gobierno, a depurar el clientelismo que se habÃa instalado en la sociedad gallega, a propiciar que una sociedad puramente rural diera un salto cualitativo hacia el siglo XXI, se dedicaron al amiguismo, el derroche y la imposición.