Padre de familia
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En varias ocasiones he declarado públicamente, y no me importa volver a hacerlo, que soy oyente habitual de la Coppe. Es más, al principio justificaba la escucha diciendo que hay que conocer al enemigo pero ahora me sorprendo razonando que sus programas son más entretenidos, en suma, mejores. O al menos más entretenidos. Por ejemplo, de madrugada.
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En la Ser está el incombustible y absolutamente coñazo Hablar por hablar, en Onda Cero un impresentable que da voces para supuestamente hacer gracia y en Radio Nacional una pesada insufrible con un par de colegas sin interés ninguno. En cambio, a la una y media empieza en la Coppe la Estrella polar, dirigida por un tipo cuyo nombre no recuerdo y que trae a la palestra a escritores varios y colaboradores cÃvicos del más variado pelaje. En todos los sentidos menos en el ideológico, claro. Ellas hablan todas con vocecitas melindrosas y ellos se tratan todos de Don tal, Don cual, y siempre, pero siempre, se conocen de antes y se alaban mutuamente, como si fueran de un club privado. SÃ, todo muy sectario, pero oigan, es un tipo inteligente y, sobre todo, mejor que la competencia. Y cuando acaba ese programa, sobre las tres de la mañana, empieza otro que dirige un tipo muy majete y que también es mejor que todas las alternativas.
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