No sabían que era imposible y lo han conseguido

Barañain

 

La campaña electoral vasca ha discurrido con tanta tranquilidad y serenidad, que a cualquier que hubiera estado de paso por aquí en estas últimas semanas le habría costado imaginar que estaba asistiendo a un histórico cambio político. Sólo si hubiera escuchado a todo un congresista hablar de la imposibilidad de que los cerdos volasen o si hubiera contemplado como en un pequeño pueblo un joven airado se liaba a mazazos con la barra de un bar antes de exiliarse,  habría llegado a la conclusión de que en este País Vasco estaba ocurriendo algo importante.

 

Nada animó más el comienzo de la campaña electoral que la alusión del diputado Josu Ercoreca -portavoz del PNV en el Congreso- al imposible cerdo volador, fenómeno que creía él más fácil de contemplar que el de un gobierno socialista en Ajuria Enea. Era su forma de decir que la alternancia en Euskadi es imposible. En realidad, la campaña propiamente dicha ha tratado de eso precisamente, de creerse o no que el cambio era posible.

Las encuestas hacía tiempo ya que reflejaban el deseo de cambio, aunque también la incredulidad al respecto. Como escribían ayer mismo en El País: “La dicotomía entre el deseo mayoritario de un cambio y la ponderación de Juan José Ibarretxe como el candidato más valorado y favorito para ganar, según todas las encuestas, esconde, posiblemente, la duda racional sobre cuál será la suerte final en este 1-M. A su vez, la costumbre de ver al País Vasco gobernado por el nacionalismo desde 1980 lleva a un sector de la sociedad al “vértigo” de pensar que «mañana se puede levantar socialista«.

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