Erika Fontalvo Galofre
Si alguien tenÃa dudas de la maquiavélica capacidad de las FARC para causar dolor, su última burla al anunciar que suspendÃa en el último momento la prometida liberación de tres de sus secuestrados, confirmó que su crueldad y cinismo no tiene limites. Su intransigente e inesperada decisión llenó de frustración a las familias de las vÃctimas, provocó desconcierto en los representantes de 6 gobiernos que participaban en la operación humanitaria como garantes y volvió a sumir a millones de colombianos en la desesperanza y desconsuelo. Seis dÃas de sentimientos encontrados en los que la euforia dio paso a la incertidumbre y finalmente a la indignación. Interminables y agotadoras jornadas de gestiones a la espera de una señal que acabara con la inhumana tortura de años sin fin que ha mantenido a estos secuestrados separados de los suyos. En vez de verles aparecer vivos y libres, quienes seguÃamos con ansiedad el proceso tuvimos que conformarnos, hora tras hora, con las imágenes de los aviones y helicópteros que les retornarÃan a la libertad y que nunca llegaron a alzar el vuelo definitivo. Rostros abatidos y manos impotentes en el aeropuerto de la ciudad colombiana de Villavicencio, sede del operativo que nunca se completó. Las FARC volvieron a burlarse de todos, incluido de aquél al que pretendÃan desagraviar, el presidente de Venezuela. Utilizado y engañado terminó Hugo Chávez, quien serÃa el gran protagonista del show mediático en que se habÃa convertido la liberación, que incluso iba a ser filmada por el cineasta estadounidense Oliver Stone para hacer un documental. El mandatario venezolano, fiel a su incontinencia verbal, acusó al gobierno colombiano de “torpedear†la entrega faltando a su palabra de suspender las operaciones militares en el área señalada, creyendo a las FARC por encima de todo. Valientes amigos. Sigue leyendo