Antesala
La ola de revueltas en el mundo árabe que ha dado lugar a la caÃda de Ben Ali, en Túnez, y de Mubarak, en Egipto, ha desatado unos niveles de euforia similares a los que concitó la caÃda del muro de BerlÃn. Hay buenas razones para confiar en que el derrocamiento de estos caudillos dará lugar a una paulatina democratización en las regiones de Oriente Medio y norte de Ãfrica, ya sea por la vÃa de la caÃda de otros sátrapas, o bien por la apertura a la que se verán forzados otros regÃmenes por el temor al contagio de las movilizaciones a sus territorios.
Se han escuchado algunas voces que recuerdan la teorÃa de la «paz democrática» que, simplificando, postula que es muy improbable que dos democracias entren en guerra. Según sus defensores, esta ola de democratización en el norte de Ãfrica deberÃa dar lugar a una reducción de la tensión bélica en la zona. Otras opiniones, manifestadas principalmente desde prestigiosas tribunas de Estados Unidos, apuntan a que el crecimiento económico y la extensión del bienestar a las clases más desfavorecidas que seguirá al establecimiento de gobiernos elegidos por el pueblo dará lugar a una reducción de la beligerancia en la región. No obstante, este optimismo desaforado no ha calado en la sociedad israelÃ, que se ha manifestado cautelosa desde el inicio de las revueltas, ante la incertidumbre que lleva asociado el cambio de los regÃmenes de su entorno.