Barañain
Sabido es que Japón étnicamente es un paÃs muy homogéneo; sus 127 millones de habitantes – entre los cuales apenas se cuentan dos millones de extranjeros, de ellos un tercio coreanos nacidos en Japón pero sin la nacionalidad japonesa- comparten casi una sola etnia, un solo idioma, una historia, una cultura. Un territorio aislado durante muchos siglos del resto del mundo, una isla (o un pequeño conjunto de islas) con pocos recursos naturales y poco espacio para vivir. Un paÃs muy proclive a los desastres naturales.
Si de enumerar los tópicos se trata, resulta fácil cuando nos referimos a los japoneses: sabido es que son un pueblo disciplinado, ahorrador, austero, con un sentido muy comunitario (o más comunitario que individualista) de la vida, con unos consolidados patrones de conducta (muy inculcados desde la niñez), de respeto a los mayores, de respeto a las normas sociales, de homogeneidad social. Donde la jerarquÃa lo es casi todo. Leà en cierta ocasión los resultados de unas encuestas que revelaban el futuro que los padres japoneses querÃan para sus hijos: en un 20% que fueran empleados públicos, en un 15% deportistas, en un 10% médicos; después, “policÃa†era la opción preferida. Eso si se les preguntaba por los hijos varones. Para sus hijas deseaban un futuro como enfermeras (15%), empleados públicos (10%), maestras (15%), etc. Algunos veÃan en esa predilección paterna tan acusada por el futuro como funcionarios, maestros y policÃas, un reflejo de su respeto reverencial hacia la autoridad.