Ambivalencias

Lobisón

En la confusión de las discusiones sobre la intervención militar en Libia juegan varias ambivalencias. Sólo desde una perspectiva muy simple se puede creer que el principal motivo de la intervención es el deseo de evitar víctimas civiles o el de garantizar el suministro de petróleo (o la voluntad de apropiárselo, como sostienen las almas más simples de todas). Las cosas son más complejas, y tienen que ver sobre todo con la opinión pública.

No es lo mismo que un tirano aplaste a escondidas a quienes se levantan contra él a que lo haga ante los ojos de la opinión pública internacional. Desde los tiempos en que Sadam Husein gaseó a los kurdos y a los chiíes han cambiado muchas cosas, unas en el campo de la comunicación (los teléfonos móviles e internet) y otras en el campo de las ideas.

La intervención para proteger a las víctimas de la represión adquirió legitimidad con los bombardeos sobre Kosovo y Serbia. La invasión de Irak fue un duro revés, que en el mejor de los casos obligó a una gran cautela a  la hora de plantear nuevas intervenciones, y en el peor desacreditó la misma idea de intervención militar en otros países. Pero ante las revueltas en los países árabes la presión para una intervención en Libia ha sido muy fuerte y los gobernantes no han podido ignorarlas y dejar que Gadafi arrasara Bengasi.

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