Millán Gómez
La cancelación del espectacular mitin que el PSOE tenÃa previsto celebrar el próximo 3 de abril en el Palacio de Vistalegre de Madrid ha provocado un revuelo de enormes consecuencias. La división interna socialista es cada dÃa más acuciante y no terminará hasta que Zapatero anuncie oficialmente si se presenta a la reelección o, por el contrario, da un paso al frente y deja que un delfÃn encabece la lista. Todos los focos apuntan a Rubalcaba pero Bono ya declaró hace un tiempo que no descartásemos la opción de que el actual Vicepresidente Primero del Gobierno no fuese más que una simple “liebre†cual carrera de medio fondo.
El 22 de mayo se celebran elecciones municipales y autonómicas. Por lo tanto, lo lógico es que los protagonistas sean los propios candidatos locales que aspiren a ser alcaldes de sus municipios o presidentes de sus comunidades. Los lÃderes estatales deben aparecer en los mÃtines si todas las partes lo consideran oportuno pero centrando la atención siempre en quienes realmente se la juegan el próximo 22 de mayo. En un paÃs descentralizado y abierto, ésta serÃa la decisión coherente. El problema radica en que históricamente no ha sido asÃ. Por esta razón, el hecho de que algunos candidatos socialistas como Tomás Gómez u Óscar López obvien el anagrama de su partido en sus anuncios electorales es cuanto menos sospechoso. Una cosa es requerir que el protagonismo recaiga en ellos y otra muy distinta que se avergüencen de su partido por intereses electorales. Hay que ser consecuente en la vida.