Millán Gómez
Caminar por la Gran Vía de Bilbao estos últimos años te recordaba que en Euskadi se mantenía vigente la tragedia del terrorismo etarra. En una de las arterias principales de la ciudad está ubicado el Palacio Foral, sede de la Diputación de Bizkaia. La balconada estaba presidida por una emotiva pancarta que rezaba: «Bakea behar dugu. Necesitamos paz.» Y digo que «estaba» porque, como consecuencia del «cese definitivo» terrorista, ese lema ha podido ser retirado. Al acto acudieron representantes de PNV, PSE y PP. La paz se ha conquistado. Ahora el siguiente reto es la convivencia y la reconciliación, por este orden jerárquico, pues es diferente «vivir en compañía! y en paz, se entiende, y otra, que también estoy convencido que llegará el momento, la amistad, el acuerdo y la confesión.
He sido capaz de disfrutar el momento. Nada ni nadie ha sido capaz de tumbar mi felicidad ante el comunicado de la organización criminal. Respeto el escepticismo, pues nos han mentido ya en multitud de ocasiones, pero resulta incomprensible no alegrarse del nuevo contexto. El PSE y el PP vasco han estado a la altura del momento histórico. El Gobierno central y Rajoy, lo mismo. La oposición vasca y del resto del arco parlamentario nacional, también. Escuchar estos días a los protagonistas directos de tantos años de lucha por la paz y la libertad ha sido placentero. Con todos mis respetos hacia otros, he dado prioridad a quienes considero que han luchado desde el primer momento. Como parafraseó el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, hace varias semanas, «los conversos, a la cola».