De esfuerzos e hipertrofias

Frans van den Broek

Dicen las malas lenguas psicológicas que existe una ley (o, si se tiene aprensión ante este término en manos de psicólogos, una cierta regularidad psíquica) que nos compele a asignar mayor valor a aquello en lo que hemos invertido más esfuerzo, a veces en detrimento de la objetividad. La ley tiene una obvia ventaja evolutiva, pues suelen ser las cosas más esforzadas las que reportan mayor ganancia energética y mejores posibilidades de adaptación, y, por tanto, mayores probabilidades de supervivencia diferencial. Por ejemplo, si hubiéramos tenido la inconveniente tendencia a esperar siempre a que los mamuts se murieran de aburrimiento mientras uno esperaba tranquilo en la tundra comiendo líquenes y tomando agua de lluvia a que esto ocurriera para comérselos, otra especie seríamos. El gran esfuerzo cooperativo que supone la caza organizada es en parte responsable, nos dice la biología evolutiva, del surgimiento del lenguaje y otras formas de acción coordinada que requieren un cerebro un tanto menos pasmado que el del comedor de líquenes y de carroña. El problema surge cuando dicha ley adquiere una vida propia más allá de las condiciones que la hacen ventajosa, como cuando apreciamos acciones inútiles pero sudorosas, o productos alambicados sin razón aparente para preferirlos a versiones más simples o ahorrativas. Puede ser muy noble, por ejemplo, adquirir la costumbre de subir a pie los treinta pisos de nuestro edificio, pero a nadie le cabe la menor duda de que usar el ascensor tiene sus ventajas, aunque nos cualifique de ociosos. El esforzado pedestre, sin embargo, será más apreciado entre sus semejantes si se hace la pregunta a suficientes personas en el contexto correcto, como alguien procurando mantener su salud, digamos, o haciendo penitencia. De todos es conocida la costumbre de ir de rodillas hasta algún destino sagrado, valor que se perdería si el peregrino apareciese en su BMW con lunas polarizadas. En la misma guisa, un patinete no puede competir con el BMW en punto a apreciación, aunque sea más efectivo en ciertas circunstancias, como no fuera más que porque hacerlo demanda menos tiempo, atención y complejidad técnica.

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