Marta MarcosÂ
Resulta francamente complicado haber vivido en este viejo continente europeo en los últimos tiempos sin haber oÃdo mencionar ese nombre: Nicolas Sarkozy, el polÃtico de moda. Pocos desconocen su cara: poseÃdo de un frenético don de la ubicuidad, nos lo encontramos en todas partes, venga o no a cuento. En apariencia poca cosa, más bien feo, con una sonrisa un pelÃn desagradable, despliega una energÃa que deja sin argumentos a la alicaÃda oposición socialista y que parece hipnotizar a propios y extraños: es complicado encontrar en los medios de comunicación una crÃtica en condiciones al actual presidente francés. Ganó las elecciones francesas hace poco más de 100 dÃas, y pareciera que llevase de Presidente toda la vida. ¿Chirac? Y ese señor, ¿quién es? ¿Royal? ¿Royal? ¡Ah, sÃ! Se presentaba a presidenta también, ¿no es asÃ? Si en su momento Sarkozy consiguió que se le considerase como un recién llegado a la polÃtica, logro meritorio, si tenemos en cuenta su paso por varios ministerios, entre ellos el de Interior, ahora ha logrado que parezca casi el único polÃtico que existe en Francia.