Millán Gómez
La decisión de Imaz de abandonar la polÃtica activa y echarse a un lado para no interferir en la lucha interna por la presidencia del PNV supone un duro revés para la polÃtica antiterrorista y la derrota de las tesis más moderadas del nacionalismo vasco conservador. La renuncia de Josu Jon Imaz simboliza la victoria de los coroneles de la viaje guardia jetzale más próximos a las teorÃas soberanistas. El sector más fundamentalista encarnado en los Arzalluz, Egibar e Ibarretxe ha impuesto sus planteamientos y con su actitud han apartado paulatinamente de la presidencia del PNV a un dirigente pragmático, transversal, buen orador y sensato donde los haya. El PNV ha perdido, sin ningún género de dudas, a su mejor activo polÃtico. La patria de Imaz era Euskadi pero, por encima de todo, el paisaje humano que la conforma y en esto se diferenciaba sustancialmente del vigente nacionalismo vasco. Porque las personas deben estar por encima de los territorios por mucho que defendamos el bienestar y la cultura de nuestros respectivos paÃses. No sólo pierde el PNV sino que de esta renuncia salen perjudicadas la sociedad vasca y la española en su conjunto.