Ignacio Sánchez-Cuenca
Zapatero ha demostrado que posee algunas virtudes polÃticas fundamentales en un lider. Es osado. Lo demostró con la guerra de Irak. Tiene una sangre frÃa envidiable, no dejándose alterar por las presiones de la coyuntura. Cuando sus seguidores piensan que todo se viene abajo, él mantiene la calma, consciente de que el temporal amainará. Debido en parte a esa tranquilidad de ánimo, que los demás no tienen, parece creer que por muy mal que se pongan las cosas, terminará dando con la solución. De ahà que muchos le acusen de cierta tendencia a la improvisación. Aunque le reconocen talento en el regate corto, creen que en realidad no tiene un proyecto claro en la cabeza.
Su momento más bajo como lÃder ocurrió con el atentado de la T-4, tan sólo 24 horas después de unas declaraciones suyas que siguen resultando tan inexplicables como el dÃa en que se produjeron. No sabemos si estaba mal informado o si se dejó arrastrar por el voluntarismo.
El episodio del Estatut resulta bastante revelador sobre el modo de proceder de ZP. Fuera mayor o menor su responsabilidad en el lÃo que montó el Parlamento catalán al aprobar un Estatut que el resto de España no podÃa aceptar, el caso es que a partir del momento en que el Estatut sale de Cataluña y entra en el Parlamento nacional, el proceso se descontroló del todo y si pudo reconducirse fue gracias a la jugada de pactar en secreto con Mas dejando en la estacada a ERC. Con un golpe de efecto, resolvió el problema, aunque durante los meses siguientes se pagó un coste polÃtico considerable: ruptura del tripartito, elecciones anticipadas en Cataluña con aumento preocupante de la abstención, etc.