Pablo BeramendiÂ
A España le crecen los amantes. La plataforma Unidad, Progreso y Democracia (UPD) surge para recuperar la esencia de una izquierda  que era y ya no es, de un socialismo responsable ante el pactismo sin freno con grupos obsesionados con desmantelar España. El PSOE ha perdido el “sentido de Estado»? y la Constitución esta en peligro. La canción es bien conocida. Aburre. Lo (relativamente) novedoso son los intérpretes, voces “de progreso»?. Y lo sorprendente es que la operación se justifique por la necesidad de limitar el potencial de chantaje de los nacionalistas sobre el gobierno del Estado. La motivación resulta sorprendente porque en el escenario polÃtico actual, la UPD puede acabar potenciando el problema que, según dicen, justifica su aparición  en escena. Cabe suponer que la UPD aspira a cortejar a tres tipos de votantes: socialistas desencantados, abstencionistas con “perspectiva de paÃs»? (España, claro) y, por último, liberales moderados. Estos serÃan votantes acomodados que están tan asustados por el pactismo centrÃfugo de Zapatero como por la retórica de reconquista de Acebes, Losantos y compañÃa. AsÃ, en la medida en que estos votantes pertenezcan a los viveros tradicionales del PSOE o del PP y el voto nacionalista se mantenga estable, parece claro que el posible éxito de UPD reducirÃa la posibilidad de que alguno de los dos grandes partidos obtenga mayorÃa suficiente.  Â